martes, 11 de julio de 2017

Diseñando terapias con fagos

Ya se ensayan sobre modelos animales terapias contra infecciones que usan CRISPR y virus bacteriófagos.
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La palabra CRISPR (pronunciado cripser) se va a hacer cada vez más común. Es una herramienta de edición genética que hemos copiado de las bacterias.
Se está usando CRISPR para tratar a nivel experimental enfermedades de origen genético. Es ya tan popular entre los biólogos que tiene su propio congreso. En el CRISPR 2017 celebrado la pasada semana en Big Sky (Montana) se presentaron los últimos resultados en el campo.
Algunos de los avances presentados parecen especialmente prometedores. Como todos sabemos ya, algunas bacterias se están haciendo resistentes a todos nuestros antibióticos, por lo que los humanos podríamos volver a ser víctimas de las infecciones. Esta situación se debe en parte a la evolución de las propias bacterias y a la escasa inversión en investigación sobre este asunto que han tenido las farmacéuticas. Aunque hace unos días se anunciaba el descubrimiento de un nuevo antibiótico muy prometedor.
Por otro lado, en el antiguo bloque soviético se usaron virus bacteriófagos como tratamiento contra las bacterias. Los bacteriófagos o fagos son virus que infectan a las bacterias en el medio natural. A algunos científicos soviéticos se les ocurrió su uso para curar infecciones, en algunos casos con mucho éxito. La idea era muy imaginativa, pues los virus se reproducirían de forma exponencial en las bacterias hasta matarlas a todas. Además, los fagos serían inocuos para las células humanas.
La caída del bloque soviético hizo que se abandonara esta línea de investigación, entre otras cosas por el uso de antibiótico de procedencia occidental. Más tarde se volvió la vista hacia este tipo de terapias y por aquí hemos visto algún buen intento al respecto. Pero el problema es hacer que los fagos hagan lo que nosotros queremos que hagan y no otra cosa, como afectar a las bacterias de nuestro microbioma intestinal.
Uno de los problemas es que los fagos naturales que podrían usarse en este tipo de terapias no pueden ser patentados, algo que las compañías ven como un problema (no así la gente civilizada). Además, las bacterias pueden evolucionar para resistir a ciertos fagos.
Es aquí en donde entra CRISPR, que puede ser usada para que ciertos fagos modificados ataquen selectiva y fuertemente a las bacterias que causan infecciones, sobre todo si estas bacterias se han hecho resistentes a los antibióticos.
No deja de ser paradójico usar CRISPR para este fin, pues esta es precisamente la herramienta genética que usan las bacterias para defenderse de los virus.
Rodolphe Barrangou (Locus Biosciences) comentó en este congreso que en su empresa se han realizado ya los primeros ensayos de terapia en ratones con fagos y CRISPR.
En este caso los fagos portan instrucciones de ADN que desarman la resistencia frente a los antibióticos e instrucciones para sintetizar la enzima Cas3, que la bacteria usa normalmente para atacar fagos al eliminar secuencias genéticas víricas, pero en este caso inicia la destrucción de todo el ADN de la bacteria, matándola en el proceso.
La compañía francesa Eligo Bioscience usa una aproximación similar en la que los fagos no se reproducen en la bacteria, pero inyectan instrucciones de ADN que codifica una enzima (Cas9) que la bacteria sintetiza, pero que inicia la autodestrucción de la misma.
Ambas compañías esperan empezar con los ensayos clínicos en humanos en 18 o 24 meses. En un principio se usaría para atacar infecciones, pero más tarde se podrían usar estos fagos para modificar genéticamente las bacterias de nuestro microbioma que están asociadas a condiciones como la obesidad, diabetes o algunos tipos de cáncer.
Entre otros inconvenientes está el que los fagos produzcan un respuesta inmunitaria del cuerpo humano y que este ataque a los fagos, por lo que serían poco efectivos.
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