domingo, 25 de junio de 2017

LA RECETA DE LA LUNA


Buscando la respuesta al enigma del desaparecido campo magnético lunar.

Las misiones Apolo regresaron a casa llevándose consigo una minúscula parte de nuestra compañera celeste. Exactamente 380.96 kilogramos de rocas lunares, la mayor cantidad de muestras jamás recolectadas de otro mundo, y que como podemos imaginar fueron un tesoro científico examinado con profusión durante años. Mucho fue lo que aprendimos gracias a ellas, de la historia y evolución de nuestra compañera de viaje, pero también generaron nuevas interrogantes aún no despejadas. Y es que dichas rocas mostraban señales de haber sido magnetizadas, indicios de que existió un campo magnético lunar hasta hace, al menos, 3000 millones de años.

Y eso era un desafío a lo que creíamos saber de ella. En el caso de La Tierra, el movimiento de un núcleo externo aún líquido, actuando como una inmersa dinamo, está detrás de la existencia de un campo magnético global. No es su única fuente, pero si la principal, y es básico para la vida en la superficie de nuestro planeta. Sin su protección el viento solar, lentamente pero de forma implacable, habría ido erosionando nuestra atmósfera hasta reducirla a poco más que un vestigio. Marte es un buen ejemplo de un mundo donde la ausencia de un escudo magnñetico dejó vía libre al devastador efecto de nuestra estrella, fuente de vida, pero también, como podemos ver, de muerte.

El problema es que esos 3000 millones de años implica que nuestro satélite mantuvo un campo magnético global mucho más tiempo del que se creía posible. Todo señala que pudo darse en mismo efecto de "dinamo", pero que este debería haber sido relativamente fugaz, ya que por su pequeño tamaño su interior se habría enfriado rápidamente. Pero las rocas de los Apolo cuentan una historia diferente. Muy diferente.

Un equipo científico de la división ARES (stromaterials Research and Exploration Science) de la NASA, se puso recientemente manos a la obra para intentar generar un modelo viable. Resumiéndole mucho, dar forma, "jugando" con las proporciones de hierro, níquel, azufre y carbono existentes en los datos extraídos de los más recientes análisis de las rocas lunares de los Apolo, y sometiendo el conjunto a las presiones y temperaturas que se estiman existen en su corazón, incluyendo un margen para variaciones no conocidas. El objetivo, encontrar un punto donde esto fuera posible.¿Existe entonces una receta química que permitiera a la Luna conservar un núcleo fundido durante tan largo periodo de tiempo? La respuesta parece afirmativa.

Un núcleo de hierro/níquel con 0,5% de azufre y 0,375% de carbono. Esta es la sencilla formula que da sentido a lo observado por los Apolo. Un núcleo así tendría un punto de fusión alto y probablemente comenzó su cristalización en una fase temprana de su vida, lo que proporciona el calor necesario para mover la dinamo y generar un campo magnético lunar cuya existencia se prolongaría más de 1.000 millones de años antes de que finalmente se desvaneciera, dejando solo la huella que quedó grabada en las rocas lunares. Un escenario que encaja con todos los dato paleomagnéticos y sísmicos que tenemos actualmente en la Luna, además de ser consistente con todo sabemos de geoquímica y geofísica lunar.

Este estudio de ARES ofrece una explicación mucho más simple a todo ello que otras alternativas, y permite encajar mejor todas las piezas del puzzle. No es el final del camino. En el terreno del conocimiento no suele tenerlo. Quizás en el futuro, con una exploración lunar renovada y quizás incluso con un asentamiento permanente que pueda realizar estudios directos, podremos ir superando los velos de desconocimiento que aún rodea a nuestro vecino planetario y encontrar las respuestas definitivas. De momento parece que estamos en el camino de conocer la receta correcta que un día dio forma a nuestra compañera de los sueños.



En posible interior de la Luna según los datos recabados por las misiones Apolo, y que indican que aún conserva un pequeño núcleo fundido, ya no capaz de generar un campo magnético global, pero quizás si una pequeña parte de la actividad sísmicas detectada.



Las muestras traídas por los Apolo son una fuente de información extraordinaria sobre nuestro satélite, y de ellas nacen también enigmas aún por resolver.



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FUENTE

La receta de La Luna


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