viernes, 21 de abril de 2017

Retroceso glaciar y cambio climático

Una parte sustancial del retroceso de los glaciares se produce por el cambio climático inducido por el ser humano.

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Glaciares Muir y Riggs de Alaska en los agostos de 1941, 1950 y 2004. Ampliar. Fuentes: 1941 y 1950 William O. Field, NSIDC and Glacier Bay National Park and Preserve Archive. 2004 por Bruce F. Molnia, USGS.
Si uno viaja, por ejemplo, a los Alpes europeos podrá ver en algunos glaciares las señales que indican hasta donde llegaba el glaciar según el año. No hace falta ser muy observador para darse cuenta de lo que han retrocedido en las últimas décadas.
Podríamos pensar que es un fenómeno local, pero no es así. La inmensa mayoría de los glaciares de todo el mundo han estado retrocediendo en ese tiempo. Se nos viene a la cabeza que el posible culpable de este retroceso es el cambio climático. De hecho, se han usado imágenes de archivo y actuales de glaciares para ejemplificar el cambio climático.
Los glaciares responden de manera lenta al cambio climático, pero, además, son susceptibles a las variaciones del tiempo atmosférico local anual. Los climatólogos pueden relacionar el retroceso de los glaciares a nivel global con el cambio climático, pero eso es más complicado cuando se trata de glaciares individuales y es un asunto de debate en esa comunidad científica. Además, los glaciares han estado retrocediendo desde la última era glaciar por causas naturales, así que tampoco es fácil separar este retroceso natural del generado por el ser humano debido a las emisiones de gases de efecto invernadero.
En el último informe del IPCC se concluye que una parte sustancial del retroceso de los glaciares se produce, efectivamente, por el cambio climático inducido por el ser humano. Aunque la conclusión no es tan sólida como otros aspectos ligados al cambio climático antropogénico, como por ejemplo el aumento de la temperatura a nivel global, no deja de ser inquietante.
Científicos de University of Washington analizaron 37 glaciares de montaña a lo largo del mundo, en especial los situados en distintos continentes: Norteamérica, Europa, Asia, Escandinavia y el hemisferio Sur. El estudio analiza estos glaciares específicamente porque en esos casos se cuenta con un historial largo de observaciones, así como registros meteorológicos que incluye temperatura y precipitaciones durante ese tiempo.
Evaluaron glaciares a alta altitud en los desiertos de Asia, así como glaciares a media altura que están influidos por las tormentas en climas marítimos. Sus grosores, pendientes y área cubierta eran son diferentes y estos aspectos afectan el tamaño del glaciar y sus fluctuaciones en longitud.
Gerard Roe dice que, como los glaciares tienen una respuesta de décadas a cualquier cambio en el clima, el retroceso de estos está entre las señales más puras del cambio climático.
Llegan a la conclusión de que la mayor parte de su retroceso en el último siglo se debe al cambio climático con un 99% de significación estadística.
El tiempo cubierto es de unos 130 años, lo que les permitió establecer una buena relación señal/ruido. Entonces calcularon la probabilidad de que los retrocesos observados pudieran haber sucedido sin ningún cambio de fondo del clima.
En sus cálculos tuvieron en cuenta aspectos estadísticos, pero no usaron un modelo computacional detallado.
La sensibilidad al cambio climático cambia según la localización. Así, por ejemplo, el glaciar South Cascade en el estado norteamericano de Washington está sometido a una gran variabilidad al encontrarse influido por las nieves invernales provocadas por las tormentas del Pacífico, lo que genera una precipitación de 3 metros de nieve al año. Esto contrasta con los 10 cm de precipitación de nieve en los desiertos de altura de Asia. Por tanto, estos dos casos experimentan una disposición meteorológica muy diferente, lo que les hace responder al cambio climático de una forma distinta.
Estos científicos se atreven con conclusiones específicas para algunos glaciares. Así, por ejemplo, para el glaciar Hintereisferner en Austria, que ha retrocedido 2,8 Km desde 1880, concluyen que su retroceso se debería a causas naturales con una probabilidad de 1 en 100.000. Es decir, que se debe al cambio climático provocado por ser humano.
El glaciar Franz Josef de Nueva Zelanda es de los pocos que ha experimentado un reavance, en este caso de 1 km en una década en concreto, pero un retroceso de 3,2 km en los últimos 130 años. Atribuir este retroceso a causas naturales sólo se pude hacer con una probabilidad del 1%, es decir, que tampoco se debe a procesos naturales.
En general, los resultados indican que estos cambios en la longitud de los 37 glaciares analizados están entre 2 y 15 desviaciones estándar fuera de la media estadística. Esto representa una de las razones señal/ruido más altas nunca documentada en un sistema natural en respuesta al cambio climático.
“Podemos mirar a estos glaciares alrededor de nosotros que vemos que están retrocediendo y ver pruebas definitivas de que el clima está cambiando. Esa es la razón por la que la gente lo ha notado. Estos glaciares están ya asombrosamente muy lejos de donde estaban durante el clima preindustrial”, dice Roe.
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