jueves, 30 de marzo de 2017

LAS BELLAS Y LA BESTIA

Observando el efecto gravitatorio de Sagittarius A en su entorno.

Todos, en algún momento, especialmente si tenemos un mínimo de interés en temas astronómicos, que el el corazón de la Vía Láctea se esconde un agujero negro masivo, aunque oculto detrás del polvoriento centro galáctico no podemos observarlo directamente. ¿Entonces cómo sabemos que realmente existe? Sobretodo gracias a que los astrónomos usan observaciones en radio, rayos X y telescopios infrarrojos para adentrarse detrás del velo de polvo galáctico y capar las nubes de gas y las estrellas girando a su  alrededor. Y estimando la velocidad es posible calcular la masa de aquello que está tirando hacia el.

Y los datos son reveladores: 4 millones de veces la masa del Sol concertada en un espacio menor que la órbita de Mercurio. Y sin emitir luz alguna!! Nada encaja mejor con la idea de un agujero negro (o como lo denominó John Michell, el primero en teorizar sobre estos cuerpos celestes en 1783, una estrella oscura) que una concentración de masa en un espacio tan pequeño, porque nada conocido puede tenerla sin colapsar gravitatoriamente sobre si mismo de forma total.

Quizás la mejor forma de captar esta realidad es observar como las estrellas que habitan el centro galáctico se mueven alrededor de un punto invisible, como aceleran cuando pasan por el punto de mínima distancia y disminuyen su velocidad al alejarse de nuevo. Es lo que ocurre con cualquier objeto en órbita elíptica alrededor de otro mayor, como un planeta o estrella. Pero en este caso no podemos verlo. Es invisible a nuestros ojos. Un cuerpo oscuro, mucho más masivo que ellas, las mantiene atadas. Nada parece encajar mejor con la idea de los agujeros negros. Una oscura y masiva oscuridad.

¿Como se formó en primer lugar? La verdad es que no lo sabemos con certeza. Hipótesis existen muchas, como que masivas nubes de gas existentes durante las primeras etapas de formación de la Galaxia, colapsaron sobre si mismas formando innumerables agujeros negros, que con el tiempo se fusionaron hasta convertirse un uno masivo. O quizás la muerte de una pleyade de estrellas gigantes, nacidas de la colisión y fusión de grandes cúmulos estelares, dieron lugar a gran numero de ellos, que nuevamente convergieron en uno solo. Pero son solo ideas. Queda mucho por aprender y descubrir.

Solo sabemos una cosa con certeza. Y es que en el centro de nuestra galaxia, al igual que muchas otras, existe un monstruo, invisible a nuestros ojos, pero cuya fuerza gravitatoria se hace evidente por poco que miremos con atención el baile de esta oscura bestia con sus bellas acompañantes estelares.

Las estrellas en el centro galáctico, en una animación creada a partir de distintas observaciones realizadas durante un periodo de 14 años. Sagittarius A está completamente oculto por las nubes de gas y polvo que se sitúan entre el y la Tierra, mientras que las estrellas apenas son captadas con una magnitud de +25.

Aunque por norma invisible, en ocasiones Sagittarius A se hace visible, aunque solo en las partes más energéticas del espectro. Así ocurrió el 14 de Septiembre de 2013, cuando se detectaron intensas emisiones en rayos X por parte del observatorio Chandra, se cree producidas por material absorbidos por el agujero negro, calentados hasta temperaturas lo suficientemente altas para brillar en esta  frecuencia antes de precipitarse en el abismo. 


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Las bellas y la bestia


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