martes, 11 de octubre de 2016

Teoría de la mente en simios

A cierto nivel, los simios son capaces de anticipar los pensamientos de los demás, algo que se creía exclusivamente humano.

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Los seres humanos tendemos a predecir lo que piensan y sienten los demás. Esto de ponerse en lugar del otro nos permite anticiparnos a las acciones de los demás.
Es lo que se llama “teoría de la mente”. Es asumir que los otros tienen mente y que se tiene la habilidad de atribuir deseos, intenciones y conocimientos en los demás.
Los humanos asumimos que hay otras mentes e intentamos inferir qué piensan esas mentes. Creemos, además, que esta es una facultad estrictamente humana. Pero unos experimentos recientes demuestran que los grandes simios también tienen esta facultad, algo que se suma a muchas otras cualidades descubiertas con anterioridad.
Esto es algo que parece muy difícil de probar, pues los simios, en general, no nos cuentan, a diferencia de los humanos, lo que piensan sobre las creencias de los demás.
En un artículo recientemente publicado en el que se describen esos experimentos, se muestra que estos grandes simios son capaces de inferir las creencias de otros, incluso cuando esas creencias contradicen la realidad y entonces son capaces de anticipar el error. Es similar a cuando un humano ve una comedia y le hace gracia el error que va a cometer uno de los protagonistas. Así que, en este caso, nada mejor que rodar unas pequeñas secuencias diseñadas para ser vistas por simios, como veremos a continuación.
Además, el hallazgo contradice los estudios previos que sostenían que los humanos éramos únicos a la hora de reconocer los deseos, creencias y pensamientos de los semejantes. Sólo los chimpancés parecía que tenían alguno de estos aspectos. Sin embargo, desde hace décadas se han podido observar comportamientos en simios que sugieren una comprensión social bastante compleja.
En estudios previos se vio que los niños por debajo de cuatro años fallaban los tests en los que se intentaba medir este aspecto, así que se asumió que para que exista una teoría de la mente que permita comprender las creencias falsas de los demás era necesario que existiera un pensamiento sofisticado, algo que sólo se desarrolla en humanos más tarde y que se supone no está en los simios.
Pero ya en 2007 se demostró, a través del estudio de su mirada, que los bebés de hasta 25 meses parecían darse cuenta de cuando un actor iba a alcanzar incorrectamente un objeto que había sido movido sin que el actor lo viera, pero que sí había sido visto por el bebé. Así que, inspirados por este método de estudio, un grupo de psicólogos estudio el asunto de la teoría de la mente en chimpancés (Pan troglodytes), bonobos (Pan paniscus) y orangutanes (Pongo abelii).
Christopher Krupenye (Instituto Max Planck) y Fumihiro Kano (Universidad de Tokio) estudiaron el tema en el santuario de Kumamoto, en donde hay este tipo de animales.
Así que los investigadores rodaron una serie de cortos en los que había dos actores que interaccionaban entre sí, uno que hacía de humano y otro vestido como un traje de ‘King Kong’. En cada serie de episodios se empezaba por una premisa: el humano buscaba o bien una piedra o bien a King Kong. En una de las series el humano apaleaba un montón de paja en el que, supuestamente, se había ocultado King Kong y en la otra la persona levantaba una de las dos cajas en la que supuestamente había una piedra que había sido robada.
Para un humano estas escenas son tan tontas como las de una comedia del cine mudo, pero para los simios representaban un conflicto social. Los escenarios, además, eran raros para impedir que los simios no se encontraran con situaciones familiares.
En ambas series de episodios la persona buscaba en el lugar equivocado, que era el último lugar en la que lo había visto, pero que había sido deslocalizado fuera de la vista o no del humano, pero siempre a la vista del espectador. Los episodios terminaban con los humanos retornando a la escena y acercándose a lugar equivocado (vacío de piedra o King Kong).
A los simios (14 chimpancés, 9 bonobos y 7 orangutanes.) se les mostró estos episodios en un monitor mientras un sistema medía hacia dónde miraban sus ojos.
Según Krupenye a estos animales les gusta el drama y cuando hay una confrontación entre individuos tienen curiosidad acerca de lo que pasará después.
A diferencia de otros experimentos, aquí no hay comida implicada, algo que puede tener consecuencias no buscadas de autocontrol. Sólo tienen que recordar lo que ha pasado. Además, el seguimiento de la vista permite no usar sistemas de comunicación con los experimentadores, como el empleo de algún tipo de lenguaje, que tienen una demanda cognitiva muy alta.
Al final del episodio los ojos de los treinta simios estudiados se dirigían hacia una de las dos localizaciones. Entre 2/3 y 3/4, dependiendo del experimento, se dirigían hacia el sitio en el que el humano miraría y antes de que este lo hiciera. Además, el actor que hacía de humano intentaba representar su papel sin hacer indicaciones previas de hacia dónde se dirigía para evitar dar pistas.
Es decir, los simios son capaces de anticipar dónde buscará el individuo el objeto, aunque el simio sabe que no está ya allí. Esta predicción de los simios indica que comprenden las creencias erróneas de los demás, según Kano.
Diversos especialistas del campo se muestran sorprendidos por este resultado y algunos de ellos, como Valerie Kuhlmeier (Queen’s University en Kingston, Canada), proporcionan otras explicaciones alternativas, como que los simios puedan usar cierto conocimiento de reglas abstractas, como que el actor tienda a mirar objetos en el lugar en los que los vio y que el simio pueda reconocerlo.
Es de suponer que el resultado levante polémica en el campo que tarde un tiempo en ser resuelta.
Los investigadores implicados pretenden ahora extender este estudio para ver si los simios pueden predecir acciones de los demás en contextos más sofisticados y ver si son capaces de exhibir otras formas de creencias falsas más complejas.
Este resultado y otros que nos hablan de lo cercanos a los humanos que están estos seres contrastan con su situación en la Naturaleza. Todos los grandes simios están en peligro de extinción y son eliminados por la superstición, como los gorilas en África, por la destrucción de sus hábitats y, sobre todo, por la codicia humana insaciable. Un ejemplo lo tenemos en los orangutanes que son quemados vivos en Indonesia cuando se prende la selva para plantar palmas de aceite. Un negocio inmoral que ahora se está trasladando a África.
Multitud de productos de alimentación llevan aceite de palma, sólo hay que leer la etiqueta para saberlo. Si quiere poner su grano de arena, querido lector, sólo tiene que consumir otras cosas, tal y como ya hacen muchos.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=5094

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