lunes, 5 de septiembre de 2016

Proyecto Génesis

Proponen la siembra con vida terrestre de exoplanetas no habitados en la zona de habitabilidad.

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Hace ya bastante tiempo que propusimos por aquí que quizás la única manera de conquistar otros planetas fuera del Sistema Solar fuera a través de la inoculación con vida terrestre microbiana.
Ahora, Claudius Gros (Universidad de Goethe de Frankfurt, Instituto de Física Teórica) se plantea si es posible hacer esto en planetas que no estén permanentemente habitados.
A lo largo de los últimos años hemos podido ver cómo se descubrían nuevos exoplanetas. Ahora podemos afirmar que casi todas las estrellas de nuestra galaxia posiblemente tengan planetas a su alrededor. Además, algunos de los planetas están en la zona de habitabilidad de la estrella, en donde el agua puede estar en estado líquido.
Pero que haya condiciones para la vida no significa que necesariamente estos planetas en la zona de habitabilidad tengan vida. Aún no hemos descubierto un exoplaneta con vida. Tampoco hay garantía para que las condiciones de habitabilidad se mantengan de forma indefinida. Puede ser que las condiciones para la vida sean sólo temporales y que a esta no le dé tiempo a aparecer. Además, parte de la habitabilidad de un planeta es mantenida por la propia vida, así que dicha habitabilidad puede desaparecer si la vida no aparece.
Tarde o temprano descubriremos planetas que presenten condiciones para la vida, pero para los que no haya pruebas de que esta haya aparecido. Si la vida es posible allí, entonces, ¿por qué no llevarla desde la Tierra? Gros ha investigado cómo podría realizarse esto.
Una misión Génesis de esta clase podría alcanzar un planeta cercano de este tipo en unas décadas si se puede lograr una fracción de la velocidad de la luz. Se trataría de una misión no tripulada que portaría un laboratorio capaz de sintetizar organismos unicelulares. El sistema empezaría a funcionar una vez estuviera sobre la superficie del planeta.
Estos microorganismos así sintetizados y liberados crearían el primer ecosistema del planeta, que evolucionaría durante millones de años de forma autónoma hasta conseguir formas de vida complejas. Se podría transplantar un estadio de la vida similar al que tenía la Tierra en el Precámbrico. Incluso se podrían ahorrar cuatro mil de millones de años de lenta evolución, según Gros.
Considerando una suerte de ética cósmica, no todo planeta propicio cercano sería elegido, pues dentro de los posibles planetas blanco para este tipo de misiones no estarían los que ya tuvieran vida. De este modo, no se interferiría con la vida ya establecida.
Dados los tiempos implicados, una misión o misiones Génesis no proporcionarían beneficios directos a los constructores y tampoco al género humano en general. Según Gros sería algo así como dar a la vida algo a cambio de lo que ya nos ha dado ella.
Si nos paramos a pensar, la idea no está tan lejos de la de una nave multigeneracional o es incluso mejor. Al fin y al cabo, nunca conoceremos a los posibles descendientes que vayan a un hipotético planeta habitado en una misión multigeneracional. En el proyecto Génesis sólo hay que esperar unos cientos de millones de años para que, quizás, surjan seres inteligentes. Estos, en algún sentido, serían nuestros descendientes.
Además, una misión con humanos (congelados o vivos) que pudieran sobrevivir a un viaje interestelar (en el caso de que algo así sea posible) para llegar a un plantea habitable tendría nulas posibilidades de éxito en un planeta que contase con una bioquímica totalmente distinta a la nuestra. Una misión Génesis portaría su propia bioquímica específica (la nuestra).
Lo que no es fácil de conseguir en la misión Génesis es llegar hasta el planeta en cuestión y, sobre todo, poder frenar para poder inyectar la sonda en la atmósfera planetaria. Aunque se ha propuesto recientemente una misión de nanovelas láser para Alpha Centauri, no se pretende frenar y llegar, sino observar y pasar de largo. Aunque en el pasado se han propuesto métodos para frenar una vela láser, no está claro que puedan ser técnicamente posible. Además, se tiene que gastar tanta energía (o más) y tiempo en el frenado como se necesitó para acelerar la nave.
Otra posibilidad es que se use un viaje lento con tecnología tradicional, pues, total, los miles de años de duración del viaje son pocos comparados con los millones de años de evolución biológica necesarios para crear vida compleja o seres inteligentes.
En todo caso, la idea no deja de ser romántica al convertirnos en una suerte de semidioses que van sembrando la vida por la galaxia. Además, nuestros descendientes sabrían de su origen no natural al no haber pruebas fósiles de vida temprana en su planeta. Quizás incluso podríamos dejarles algún tipo de mensaje en la maquinaria bioquímica para hacérselo saber.
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