miércoles, 20 de julio de 2016

Sobre el efecto invernadero de los HFC

Los gases sustitutos de los que destruyen el ozono son potentes gases de efecto invernadero, pero, a su vez, ya tienen sustitutos.

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Hace unos días informábamos en NeoFronteras del éxito que está teniendo ya la firma del protocolo de Montreal de 1987 que limitó las emisiones de clorofluorcarbonados o CFC.
Por desgracia, este tipo de gases siguen destruyendo el ozono porque su vida en la atmósfera es muy larga y, aunque en menor cantidad, se siguen emitiendo. La gran mayoría de los sistemas de refrigeración usan ahora un sustituto de los CFC: los hidrofluorcarbonados o HFC.
Estos compuestos sustitutos tienen la ventaja de que no destruyen la capa de ozono. Sin embargo, hay un problema con los HFC que no se vio en su día: son unos potentísimos gases de efecto invernadero. Si se contabiliza por molécula, los HFC son 10.000 veces más potentes como gases de efecto invernadero que el dióxido de carbono. Incluso se ha considerado la liberación de HFC en Marte para subir su temperatura y así poder terraformar el planeta rojo.
Según UNEP (United Nations Environment Programme), al ritmo actual de fabricación y liberación de HFC, con un 7% de aumento anual, la temperatura del planeta Tierra podría subir medio grado centígrado a finales de siglo sólo debido a estos gases. A esto habría que añadir el efecto producido por el dióxido de carbono proveniente del consumo de combustibles fósiles. Los HFC podrían llegar a ser responsables de un tercio o más del futuro calentamiento global si no se hace nada al respecto.
En el congreso sobre el clima de París de diciembre último se dejó de lado el asunto de los HFC, pese a su indudable peligro para el cambio climático, y se centró sobre las emisiones de dióxido de carbono.
Un mes antes, los firmantes del protocolo de Montreal se reunieron en Dubai para proponer medidas que hagan desaparecer las emisiones de HFC. La semana pasada, en una reunión en Viena, ya se empezó a avanzar en objetivos y calendario para eliminar estos gases.
La ventaja es que ya hay alternativas que no dañan el ozono y son mil veces menos potentes como gases de efecto invernadero que los HFC, como, por ejemplo, el HFCO-1234yf, gas que ya se usa en el aire acondicionado de los automóviles.
Se espera la firma de un nuevo acuerdo en Ruanda este octubre. Con ello se pretende parar las emisiones de HFC y finalmente eliminar su producción y sustituirlos por otro tipo de gases. Cuando antes se empiece con las limitaciones a su producción mejores serán las perspectivas.
La meta es conseguir que este declive en la producción de estos gases llegue a mediados de la próxima década, pero India pretende posponer el pico de producción de los HFC durante una década. Sin embargo, la clave estará en convencer a países avanzados, como los EEUU, para que financien una transición lo más rápida posible a los nuevos gases sustitutos.
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