domingo, 19 de junio de 2016

Publican atlas de contaminación lumínica

Un mapa de la luminosidad del cielo nocturno nos dice que en muchos sitios no se pueden ver ya las estrellas.

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Normalmente nos fijamos en la contaminación del aire o del agua, pero no en otros tipos de contaminación. Una de estas otras poluciones es la contaminación sonora. Algo que en algunos países, como España, se presenta muy a menudo y que produce muchos problemas psicológicos. Lamentablemente esto es algo que parece no importar a muchos.
Pero hay otro tipo de contaminación que importa aún menos: la lumínica. Hace unos 20 años esto de la contaminación lumínica era algo que sólo preocupaba a los astrónomos, pues esta contaminación les impide hacer su trabajo.
En el primer mundo tenemos aparentemente un gran miedo a la oscuridad (o a los demás) y nuestras ciudades y autopistas arrojan grandes cantidades de luz al cielo. Pero las ciudades de los países emergentes no se quedan atrás en esta política.
Esta contaminación no parece producir problemas de salud directos, pero el derroche de energía asociado a ella sí tiene problemas medioambientales y de contribución al cambio climático. Al fin y al cabo, iluminar con luz consume energía.
Un estudio epidemiológico de la OMS de 2007 y otro de la American Medical Association de 2012 advirtieron de que la exposición a luces brillantes por la noche podría estar asociada con ciertos tipos de cáncer, posiblemente por la alteración de los ciclos circadianos. A las luces de fuera se les une ahora las procedentes de televisiones, smarphones y tablets, que usan LEDs con mucha componente azul.
Otro factor es que la vida ha evolucionado en la Tierra durante miles de millones de años habiendo noches oscuras, algo que ha cambiado en muy pocas décadas. Esta contaminación está alterando ahora los ritmos biológicos de algunas especies. Recordemos que la mitad de las especies terrestres son nocturnas. Para algunos insectos, aves o tortugas esta contaminación tiene consecuencias fatales.
El derroche de energía nos lleva a iluminar las calles de tal modo que es posible leer el periódico en la calle a las 2 de la madrugada. También ha permitido que se tengan farolas en forma de bola que arrojen el 50% de la luz al cielo.
El caso es que esta luz que va al cielo, generalmente rebotada del suelo, ilumina el cielo de tal modo que en muchas partes del mundo ya no es posible ver la nuestra galaxia: la Vía Láctea. Las estrellas más débiles tampoco son visibles. Esto es un grave problema de naturaleza cultural. Se está robando a gran parte de la población, y a la formación de los niños, de un bien cultural de valor incalculable.
Nuestra filosofía, ciencia y literatura hunden sus raíces en el cielo estrellado. Perder la visión de las estrellas es una gran pérdida cultural. A partir de ahora el cielo nocturno no nos podrá inspirar. Ya hay toda una generación de habitantes que nunca ha visto la Vía Láctea.
El nuevo atlas mundial sobre el brillo natural y artificial de la noche publicado hace escasos días demuestra que la situación empeora. Este atlas se ha confeccionado con 35.000 fotografías tomadas en el lado oscuro de la Tierra por el satélite de órbita polar Suomi de la NASA y NOAA, aunque también se han usado cámaras en tierra para tomas de fotos de alta precisión.
Un tercio de los seres humanos ya no pueden ver la Vía Láctea. Para los habitantes de EEUU la situación es aún peor, pues esa proporción se eleva a 4 de cada 5 y sólo los parques nacionales y alguna zona desértica se libra. Otras zonas con mucha contaminación lumínica son Italia, Singapur, Corea del Sur y Catar. Son lugares en los que difícilmente se ve una estrella y que parecen vivir de noche en una penumbra artificial.
Entre las zonas que se libran de esta contaminación están los mares y las zonas polares por razones obvias. Y entre las zonas habitadas con menos contaminación están Chad, Papua Nueva Guinea y Madagascar. Entre los países del primer mundo que más se libran están Canadá y Australia, aunque también Suecia, Noruega y Escocia disfrutan de noches oscuras.
El atlas permitirá calibrar el impacto de la contaminación según la zona estudiada y así intentar proteger ciertos habitats.
La situación empeorará aún más próximamente debido a que ahora se está incentivando el uso luces LED en las farolas para ahorrar energía, generalmente del tipo barato blanco-azulado. Pero este tipo de luces emite muchas componente azul que es más fácilmente reflejada por la atmósfera terrestre (el cielo es azul de día debido a la dispersión prioritaria de los azules). Además, la luz azulada puede ser perjudicial para los humanos pues regula el ciclo circadiano (de nuevo, el cielo es azul). Por tanto, esta política es un error.
Además de usar LED de luz más cálida, es necesaria una regulación más estricta que modere la contaminación lumínica. La única ventaja de este tipo de contaminación es que se puede eliminar al instante, ya que sólo se necesita apagar las luces.

“En la montaña las estrellas son bien diferentes de las tímidas puntadas de alfiler que salpican el cielo urbano: son rollizas y chorrean luz.”

David Mitchell.

“Para quienes no ansían sino ver, hay luz bastante; mas para quienes tienen opuesta disposición, siempre hay bastante oscuridad.”

Blaise Pascal.

“El hombre honesto no teme la luz ni la oscuridad.”

Thomas Fuller.

“Recuerdo haber mirado las estrellas, sentirme desaparecer en esa profundidad infinita, mientras el suelo se tambaleaba con dulzura y daba bandazos como la cubierta de un barco enorme.”

Jojo Moyes.

“Levanté la mirada y un enjambre de estrellas me golpeó en el corazón a través de las pupilas dilatadas. En ese instante luminoso, suspendida entre la arena y el cielo, llegué a creer que nunca más vería algo tan hermoso.”

Gonzalo Moure.
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