jueves, 19 de mayo de 2016

Revisión de la ecuación de Drake

Reevalúan la ecuación de Drake a raíz de los datos obtenidos por la misión Kepler.
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¿Por qué estamos aquí? Es decir, ¿cuál es nuestro propósito como seres vivos inteligentes tanto desde el punto de vista individual como colectivo?
Una de las posibles respuestas es que estamos aquí para aprender, para buscar sentido y significado a nuestras vidas. Quizás cada uno por su cuenta encuentre ese significado y que sea diferente al de los demás.
Al parecer, tampoco nos ponemos de acuerdo en nuestra función como colectividad, incluso hay grupos sociales basados en la verdad revelada que no creen necesitar saber más.
El caso es que el ser humano tiene curiosidad. Es, posiblemente, uno de los rasgos que nos hizo inteligentes. Se puede comprobar que los animales con más curiosidad son los más inteligentes.
Una de las consecuencias de la curiosidad es la necesidad de explorar. Se puede explorar de muchas maneras. Podemos usar un microscopio para estudiar la vida diminuta, una computadora para buscar primos muy grandes o telescopios para buscar nuevos planetas.
En la última década se ha avanzado mucho en el campo del descubrimiento de exoplanetas. Todavía no hemos encontrado una Tierra II, pero sí tenemos una buena estadística sobre la proporción de planetas que hay en la zona habitable de sus estrellas.
Así que unos investigadores ha reevaluado la ecuación de Drake a la vista de estos nuevos datos para saber si estamos o no solos.
Adam Frank (University of Rochester) y Woodruff Sullivan (University of Washington) proponen una vía de ataque a la ecuación partiendo de la posibilidad más pesimista.
La ecuación de Drake tiene ya unos 50 años y da pereza tener que recordarla porque hasta hace no tanto a la mayoría de sus términos importantes se les daba un valor meramente especulativo. La incertidumbre era y es demasiado alta.
Esta ecuación es un intento de saber la cantidad de civilizaciones tecnológicamente avanzadas que hay en nuestra galaxia o en el Universo y se basa en trocear el problema en problemas más pequeños: la cantidad de estrellas que hay en la galaxia, la proporción de ellas que tienen planetas, la proporción de planetas en la zona habitable, la proporción de los mismos en los que aparece la vida, la proporción de ellos en los que evoluciona la vida inteligente, la proporción de esas civilizaciones que alcanza cierto nivel tecnológico, etc.
Hay principalmente tres términos importantes que hasta ahora eran desconocidos e introducían mucha incertidumbre en el resultado de la ecuación: la proporción de planetas en la zona habitable, la proporción de ellos en donde aparece la vida y la duración o longevidad de las civilizaciones avanzadas.
Ahora conocemos bien el primero de esos tres. Gracias a la misión Kepler sabemos que un quinto de las estrellas de nuestra galaxia tienen planetas en su zona habitable en donde el agua puede estar en estado líquido.
Según Frank la gran incógnita es cuánto sobrevive una civilización avanzada antes de que se extinga. El hecho de que la humanidad haya usado cierta tecnología rudimentaria en los últimos 10.000 años no nos dice nada sobre cuánto pueden vivir otras sociedades avanzadas en otros planetas.
Así que estos dos astrofísicos en lugar de tratar resolver esos términos y tratar de saber cuántas civilizaciones existen ahora, se preguntan sobre si nosotros somos la única especie con tecnología avanzada que haya aparecido hasta ahora desde un principio. La idea es calcular la probabilidad de que nosotros seamos la única especie inteligente en este momento en el Universo y que no haya habido otras antes.
Al final esta forma de razonar es lo mismo que preguntarse sobre la frecuencia en la que la vida evoluciona hasta un nivel tecnológico avanzado en el peor caso posible. Si la probabilidad real es mayor que esta cota absoluta inferior entonces al menos tiene que haber habido algunas otras civilizaciones antes y posiblemente haya otras después.
Según sus cálculos, si somos los primeros y los únicos entonces la probabilidad de algo así en todo el Universo visible es de una posibilidad entre 1022. Y si nos circunscribimos a nuestra galaxia sería una parte en 1011-1012.
Esto significaría, según interpreta Frank, que es probable que hayan aparecido civilizaciones tecnológicas antes que nosotros y en gran cantidad. Si se asume que la probabilidad de que aparezca una civilización en un planeta es 1 entre un billón, entonces tiene que haber ocurrido 10.000 millones de veces a lo largo de la historia del Cosmos.
Si nos circunscribimos sólo a la Vía Láctea entonces los números son menos extremos. Pero la realidad es que lo que ocurra a este respecto en otras galaxias se escapa a toda comprobación científica, así que no tiene demasiado sentido considerar el resto del Universo.
En todo caso, para que sólo otra civilización tecnológica haya surgido en alguno de los posibles planetas habitables de la Vía Láctea, entonces la probabilidad tendría que ser de 1 entre 60.000 millones. Suena muy favorable.
Sin embargo, esto no implica necesariamente que estemos rodeados por otras civilizaciones. Como ya nos dice la paradoja de Fermi, al menos no lo parece. El problema es, como siempre, la longevidad de las civilizaciones avanzadas, que es el factor final de la ecuación de Drake.
Se podría pensar que si la cantidad de civilizaciones es muy alta entonces la longevidad de cada una puede llegar a no importar a la hora de saber que tenemos coetáneos como nosotros en la Vía Láctea, pero los números no salen.
Si las civilizaciones avanzadas sólo duran 10.000 años entonces todas ellas están ya extintas y nosotros estamos ahora solos. El problema está en saber qué es exactamente avanzado. La agricultura y los sistemas sociales complejos surgieron hace 10.000 en la Tierra, pero sólo tenemos un siglo de verdadera tecnología electrónica. Sin embargo, ya nos encontramos al borde de la autodestrucción, sea por el cambio climático, la aniquilación de los ecosistemas o la guerra nuclear.
Aunque haya unas pocas civilizaciones en nuestra galaxia, la comunicación sería muy complicada. Si hay una a 20.000 años luz de nosotros y se comunica con nosotros el intercambio de conversación llevaría 40.000 años.
Este estudio es un intento empírico de contestar a la gran pregunta de si estamos solos. Supone un gran avance, pero no termina de contestarla. Saber si hay o no otras civilizaciones tendría consecuencias filosóficas tremendas en ambos casos.
Pero según Frank y Sullivan este tipo de estudios también tiene aplicaciones prácticas. Según la humanidad se enfrenta a una crisis de sostenibilidad en muchos sentidos, puede ser útil el preguntarse sobre si otras civilizaciones han logrado sobrevivir a cuellos de botella similares.
Sin embargo, no sabemos si es una civilización avanzada puede durar más de unos pocos siglos. En ello pueden ayudarnos los modelos climáticos y de interacción con el medio de civilizaciones que hagan un uso intensivo de la energía. Quizás el hecho de que no tengamos noticias de ninguna otra civilización ya nos esté diciendo mucho sobre la duración de las civilizaciones.
Grupos humanos como el de los bosquimanos o los pigmeos llevaban 40.000 años con su estilo de vida hasta que llegó el hombre blanco a sus territorios. Vivían de manera sostenible en el medio en donde vivía, pero hubieran sido incapaces de comunicarse por radiotelescopios con otra civilización avanzada. El hecho de poder comunicarse implica el riesgo de desaparecer por el uso de la propia tecnología.
Puede que nos ayude a resolver esta cuestión encontrar planetas con bioindicadores. Quizás un día consigamos encontrar esa Tierra II y que esté relativamente cerca o tan lejos que siempre estará fuera de nuestro alcance. Si resulta que la vida es abundante y seguimos sin noticias de ET quizás tengamos que asumir que la longevidad de las civilizaciones avanzadas, y por tanto la nuestra, es más bien escasa.
En realidad la ecuación de Drake no nos sirve para calcular gran cosa. Su belleza reside en que condensa los saberes de la humanidad. Empieza por la Astrofísica, pasa por la Biología y termina en la Ecología, Sociología e incluso Psicología. Esta ecuación y la paradoja de Fermi también nos invitan a reflexiones sobre nosotros mismos, a mirarnos en un espejo y a reconocer lo mal que lo estamos haciendo si queremos sobrevivir.
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