lunes, 4 de abril de 2016

La Luna y el campo magnético terrestre

Un estudio reciente afirma que la razón por la que la Tierra ha podido mantener su campo magnético se debe a la Luna.

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Un planeta geológicamente muerto es un planeta biológicamente muerto o, al menos, así es si consideramos el caso de la Tierra o el resto de los planetas rocosos de nuestro sistema.
La tectónica es la que mantiene el clima estable e incluso consigue sacar a la Tierra de episodios de bola de nieve. Además, el núcleo terrestre permite la existencia de un campo magnético que logra desviar las partículas de alta energía procedentes del Sol que llegan a la Tierra, manteniendo la atmósfera en su lugar y también las condiciones para la vida para que la radiación no la mate.
Esta geodinamo no estuvo siempre ahí, sino que tardó un tiempo en funcionar después de la formación de la Tierra, pero ha estado protegiéndonos desde entonces. Se basa en el movimiento de grandes cantidades de hierro fundido en el núcleo externo. Se supone que gran parte de la energía que mantiene ese hierro fundido proviene del calor desprendido por elementos radiactivos.
Según los modelos clásicos, el núcleo terrestre debía de haberse enfriado en unos 3000 grados centígrados en estos últimos 4300 millones de años.
Ahora, un estudio de investigadores de la Universidad Blaise Pascal sugiere que su temperatura sólo se ha reducido en 300 grados. Los autores proponen que la acción de las fuerzas de marea de la Luna habría mantenido el núcleo exterior fundido y, por tanto, la geodinamo activa.
Desde el punto de vista clásico, para que la geodinamo funcione la temperatura del núcleo tendría que haber pasado de 6800 grados al principio de la formación de la Tierra a los 3800 grados de la actualidad, pero esta reducción de temperatura no es apoyada por las medidas de rocas muy antiguas. Simplemente semejante temperatura inicial no pudo existir y si fuese más baja el enfriamiento posterior haría que ahora la temperatura del núcleo fuese muy baja, algo que comprometería la función del núcleo como generador del campo magnético terrestre.
La solución sería una temperatura inicial inferior y una temperatura actual de 3800 grados. Pero, ¿cómo se puede mantener una temperatura tan relativamente alta durante tanto tiempo? La solución estaría en la acción de la Luna. Un mecanismo similar mantiene los volcanes de Io en Europa o el mar de agua líquida del interior de Europa.
La Tierra está ligeramente achatada por los polos debido a su rotación. Además su eje de giro está inclinado. El manto se deforma elásticamente debido a las fuerzas de marea causadas por la Luna. Los autores del estudio han mostrado que este efecto podría estimular el movimiento continuo del núcleo exterior permitiendo la estabilidad a largo plazo de la geodinamo.
Nuestro planeta recibe 3,7 billones de vatios de potencia energética a través de la transferencia de energía del sistema gravitatorio Tierra-Sol-Luna y 1 billón de ellos son suficientes como para mantener la geodinamo del núcleo exterior.
Como ni el ángulo y dirección del eje de rotación de la Tierra, ni la órbita de la Luna son estables en el tiempo, el efecto combinado de todo ello permite la acción de estas fuerzas de marea a largo plazo pueda causar el efecto, introduciendo pulsos de calor en el interior de la Tierra que mantienen el núcleo fundido.
Además, el fenómeno podría dar lugar a picos de calor en el manto terrestre que fusione grandes zonas del mismo y den lugar a grandes eventos volcánicos en la superficie.
Pero si estos investigadores tienen razón, entonces el significado de todo esto sería que un planeta como la Tierra, pero sin una luna a su alrededor, no podría mantener el efecto de geodinamo durante mucho tiempo. Quizás durante un tiempo menor al necesario para el surgimiento de la vida compleja o inteligente. Una vez el núcleo se enfríe no habría geodinamo ni tectónica y las condiciones para la vida desaparecerían.
Pero la existencia de la Luna se debe a una gran casualidad cósmica y los planetas rocosos de tamaño similar a la Tierra no tienen esta característica en su inmensa mayoría.
Así que, bajo este aspecto, las posibilidades de vida en planetas similares a la Tierra se reducen. Quizás podría haber supertierras en las que se dé la vida y que mantengan la tectónica y la geodimamo durante más tiempo sin necesidad de una luna, pero, en todo caso, todo esto nos dice que quizás la vida tal y como la conocemos sea mucho más escasa en el Universo de lo que nos gustaría. Quizás sí estemos solos después de todo.
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