miércoles, 6 de abril de 2016

Gagarin: una semana para la eternidad

Hace cincuenta y cinco años tres jóvenes pilotos militares soviéticos charlan animadamente en la Plaza Roja de Moscú. Son unos perfectos desconocidos para el gran público y no tienen ningún problema en pasar totalmente desapercibidos. Una semana más tarde el mundo entero conocerá el nombre de uno de ellos cuando se convierta en el primer ser humano en alcanzar el espacio.
Gagarin, Titov y Nelyubov en la Plaza Roja en una foto tomada antes del día 5 de abril.
Gagarin, Titov y Nelyubov en la Plaza Roja en una foto tomada antes del día 5 de abril de 1961.
Pero ese día Yuri Gagarin, Guerman Titov y Grigori Nelyubov son simplemente tres militares que intentan pasar lo mejor posible las que serán sus últimas horas de descanso en la capital antes de partir hacia uno de los lugares más misteriosos y vigilados del planeta Tierra en esos momentos: el cosmódromo de Tyura-Tam (posteriormente conocido como Baikonur), situado en medio de la inhóspita estepa kazaja. Sin que sus compatriotas lo sepan, el trío se ha entrenado en secreto durante los últimos meses a las afueras de Moscú con el fin de llevar a cabo una aventura casi imposible de creer. Seguro que la mayoría de viandantes de la Plaza Roja que paseaban junto a ellos habrían sonreído con incredulidad si les hubiesen contado qué planeaban hacer en el plazo de apenas una semana.
Casi igual de sorprendente es que ninguno de los tres sabe en esos momentos cuál será el elegido para pilotar la nave Vostok (3KA) que la oficina de diseño OKB-1 del Ingeniero Jefe Serguéi Koroliov ha estado diseñando estos últimos años. Hacía apenas tres meses, el 18 de enero, una comisión dirigida por Nikolái Kamanin había seleccionado seis candidatos de los veinte existentes de cara a la primera misión tripulada de la historia. Los seis eran Yuri Gagarin, Guerman Titov, Grigori Nelyubov, Andrián Nikoláyev, Valeri Bykovski y Pável Popóvich. El 20 de febrero el número se redujo a solo tres después de numerosas pruebas y exámenes.
Gagarin, Titov y Nelyubov tenían un historial intachable. Los tres destacaban por su inteligencia, fortaleza física y baja estatura, este último un requisito necesario impuesto por los ingenieros que habían diseñado la nave Vostok. Titov destacaba en las pruebas físicas, mientras que Nelyubov era un líder natural. Pero Gagarin era el favorito de todos, tanto del cuerpo de cosmonautas como de Kamanin y Koroliov. Pese a todo, todos sabían sin decirlo en voz alta que el duelo sería entre Gagarin y Titov. Nelyubov no tenía ninguna posibilidad. En marzo de 1961 los vuelos exitosos de las cápsulas 3KA-1 y 3KA-2 con las perras Chernushka (‘negrita’) y Zviózdochka (‘estrellita’) a bordo habían permitido confirmar que el diseño de la nave era correcto. Koroliov dispuso el primer vuelo tripulado, con la nave 3KA-3 para el mes de abril. El tiempo corría en contra del Ingeniero Jefe, quien temía que los estadounidenses se pudiesen adelantar con la misión suborbital de Alan Shepard a bordo de una cápsula Mercury.
No sería la primera vez que los tres viajaban al cosmódromo. Durante el lanzamiento de la nave 3KA-2 con Zviózdochka a finales de marzo Gagarin y Titov habían ensayado los procedimientos para ponerse las escafandras Sokol SK-1 y cómo acceder a la rampa. La leyenda cuenta que sería el propio Gagarin el que decidió cambiar el nombre de la perra Zviózdochka a última hora cuando el animal ya estaba dentro de la cápsula junto con el maniquí Iván Ivánovich (originalmente se llamaba Udacha —’suerte’—, pero Gagarin, tan supersticioso o más que el resto de cosmonautas, consideraba que este nombre podía, paradójicamente, traer mala suerte a la primera misión tripulada).
El miércoles 5 de abril de 1961 Gagarin, Titov y Nelyubov volaron a Tyura-Tam en dos aviones distintos, pero no sería hasta el 8 de abril cuando la Comisión Estatal con Kamanin y Koroliov a la cabeza decidió seleccionar a Gagarin como tripulante principal de la misión Vostok 1, con Titov como suplente y Nelyubov como segundo suplente. Siete días después de llegar al cosmódromo Gagarin abandonaría el anonimato para convertirse en leyenda.
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