miércoles, 9 de marzo de 2016

La misteriosa "oscuridad" de Mercurio, revelada

Carnegie Science / Nature Geoscience
Image Caption This oblique image of Basho shows the distinctive dark halo that encircles the crater. The halo is composed of so-called Low Reflectance Material (LRM), which was excavated from depth when the crater was formed. Basho is also renowned for its bright ray craters, which render the crater easily visible even from very far away. Courtesy NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington
Esta imagen oblicua del cráter Basho muestra el característico halo oscuro que lo rodea. El halo está formado por lo que se denomina material de baja reflectancia, excavado por el impacto que formó el cráter. Basho es famoso por sus rayos brillantes que hacen que el cráter sea visible incluso de lejos. Crédito: NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington.
Durante mucho tiempo los científicos se han preguntado qué es lo que hace que la superficie de Mercurio sea tan oscura. El planeta más interior refleja mucha menos luz solar que la Luna, un cuerpo en el que la oscuridad de su superficie es debida a la abundancia de minerales ricos en hierro. Se sabe que éstos son raros en la superficie de Mercurio, así qué ¿cuál es el "agente oscurecedor" allí?
Hace aproximadamente un año los científicos propusieron que la oscuridad de Mercurio se debía a carbono que se acumulaba progresivamente por el impacto de cometas que habían viajado hasta el Sistema Solar interior. Ahora un equipo de científicos dirigido por Patrick Peplowski del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins  ha empleado datos de la misión MESSENGER para confirmar la presencia de una gran cantidad de carbono en la superficie de Mercurio. Sin embargo, también han descubierto que más que ser transportado por cometas, el carbono se originó con mayor probabilidad bajo la superficie, formando una antigua corteza rica en grafito que ahora está rota y enterrada. Parte de ella habría sido llevada a la superficie por impactos después de que se hubiera formado la corteza actual de Mercurio.
Cuando Mercurio era muy joven, la mayor parte del planeta probablemente estaba tan caliente que existía un "océano" global de magma fundido. A partir de experimentos de laboratorio y modelos, los científicos han sugerido que este océano de magma se enfrió, y la mayoría de los minerales que solidificaron se habrían hundido. Una notable excepción habría sido el grafito, que habría flotado y formado la corteza original de Mercurio.
"El descubrimiento de carbono en abundancia en la superficie sugiere que podemos estar viendo restos de la antigua corteza original de Mercurio mezclada con las rocas volcánicas y los restos de impactos que forman la superficie que vemos hoy en día. Este resultado es un testamento al fenomenal éxito de la misión MESSENGER y se añade a la larga lista de modos en que los planetas más interiores se diferencian de sus vecinos planetarios y proporciona datos adicionales sobre el origen y la evolución temprana del Sistema Solar interior", concluye Larry Nittler, de Carnegie.
FUENTE

Noticias del Cosmos - Observatori Astronòmic

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