miércoles, 3 de febrero de 2016

¿Existe el planeta X?

Nueva propuesta de existencia de un novena planeta en el Sistema Solar más allá de Neptuno.
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En los últimos días han ido apareciendo en los medios de comunicación convencionales la noticia de que ha hay pruebas de que existe un planeta con tamaño similar al de Neptuno más allá de Plutón en nuestro Sistema Solar.
Nada más oportuno que empezar diciendo que una cosa es una inferencia estadística de una posible existencia de un muevo planeta y otra que este planeta realmente exista. De momento no ha sido visto directamente. Como Sagan decía, afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias.
Ya mencionamos por aquí hace un tiempo que las órbitas de algunos transneptunianos como 2012 VP113 y Sedna son muy excéntricas y una posible explicación era la existencia de un gran planeta más allá de Plutón.
Ahora Mike Brown (Caltech), que hasta hace poco negaba que pudiera haber planetas de gran tamaño por esa región del Sistema Solar, publica un artículo en el que propone la existencia de un nuevo planeta (el noveno) con una masa un poco inferior a la de Neptuno y con una órbita excéntrica, retrógrada e inclinada respecto a la eclíptica que explicaría esas “anomalías” en las órbitas de algunos transneptunianos.
El periodo orbital de este planeta estaría entre los 10.000 y 20.000 años y su máxima cercanía al Sol sería de unas 200 unidades astronómicas.
Todo esto proviene de una tradición que se remonta al éxito de haber descubierto Neptuno en 1846 por parte de Johann Gottfried Galle justo en donde había sido predicho por Adams y Le Verrier a partir de las irregularidades de la órbita de Urano. Lo malo es que tal cosa no se ha vuelto a repetir y el peso de este gran éxito de la Mecánica Celeste es, quizás, demasiado grande.
Ya Percival Lowell especuló en su día con la existencia de un planeta de gran tamaño más allá de Neptuno. Esto llevó al descubrimiento de Plutón por accidente en 1930, pero Plutón resultó ser demasiado pequeño para explicar nada. De hecho ya no se le considera planeta, sino planeta enano.
Cálculos basados en los datos tomados por la misión Voyager indicaron en su día que las órbitas de Urano y Neptuno son las que son sin necesidad de recurrir a ningún planeta extra más allá.
En 1984 se propuso que, debido a la supuesta periodicidad de las extinciones masivas, una estrella que pasaba cerca del Sistema Solar (SS) cada 26 millones de años, perturbaba la nube de Oort y envía cometas hacia el interior.
En 1999 se propuso que debía de haber una enana marrón en el SS exterior a partir de supuestas perturbaciones en las órbitas de cometas.
Sin embargo, en 2014 una campaña de observación descartó estas dos posibilidades.
Ese mismo año Chadwick Trujillo y Scott Sheppard propusieron la existencia de un gran planeta en el cinturón de Kuiper. Idea que ahora retoman Konstantin Batygin y Mike Brown. Idea en la que ni Mike Brown creía en un principio cuando fue propuesta por Trujillo y Sheppard. Ahora se basan en pruebas estadísticas para proponer en un artículo la existencia de tal cuerpo.
Aunque el revisor del artículo (Alessandro Morbidelli) está convencido de que tal planeta podría existir, otros astrofísicos no está de acuerdo, como Hal Levison (Southwest Research Institute, Boulder, Colorado), que dice haber visto muchas propuestas de este tipo a lo largo del tiempo que luego no se han confirmado.
La propuesta se basa en las órbitas excéntricas, inclinadas y alineadas de los transneptunianos 2012 VP113, Sedna y otros cuatro objetos del cinturón de Kuiper. La probabilidad de que algo así se dé por casualidad es de sólo un 0.007%.
El nuevo planeta habría sido expulsado a su extraña órbita en los comienzos del SS por culpa de Urano y Neptuno. Aunque Batygin y Brown tendrán que trabajar más para explicar bien su origen.
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Como las observaciones del telescopio infrarrojo WISE descartan que pueda haber un planeta gigante a esa distancia, se ha propuesto que podría haber un minineptuno o una supertierra en su lugar. Tendría una masa de unas 10 veces la de la Tierra, una masa muy común en otros sistemas planetarios.
No se acercaría al Sol a menos de 200 unidades astronómicas (UA), pero podría llegar a más de 700 UA (incluso a las 1200 UA) debido a su órbita excéntrica (e=0,6). Recordemos que Neptuno se encuentra a 30 UA. La órbita estaría inclinada unos 30 grados y el perihelio sería opuesto al de los seis transneptunianos estudiados, lo que sería la causa de los curiosos parámetros orbitales de estos cuerpos.
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Pero puede que el origen de estas alteraciones sea otro. No sería la primera vez que se propone algo muy similar y al final se descubre otra solución. Ya en su día, se propuso la existencia del planeta Vulcano en una órbita muy cercana al Sol para explicar el desplazamiento anómalo del perihelio de Mercurio. Pero Albert Einstein pudo demostrar que la Relatividad General explicaba el hecho sin recurrir a planetas extras.
¿Se podría ver algún día a este supuesto nuevo planeta? Al parecer sí, pese a que en la región en la que se encuentra la luz que le llega es mínima. Pero sería muy difícil. Debido a que está fuera de la eclíptica la región del cielo a barrer sería más grande y, encima, la Vía Láctea con sus estrellas abundantes se encontraría justo detrás, lo que dificultaría su hallazgo.
El telescopio para esta tarea debería ser de los grandes, así que Brown y Batygin pidieron tiempo en el telescopio japonés Subaru (Hawaii), que cubre un campo muy grande y tiene un gran espejo primario, pero todavía no han encontrado nada. Un telescopio que tendrá más posibilidades será el Large Synoptic Survey Telescope (en Chile), que empezará a funcionar a comienzos de la próxima década. La labor se facilitaría si se encontrasen más transneptunianos con órbitas raras que permitan fijar mejor la órbita del planeta X.
¿Se podría enviar una sonda a este supuesto planeta una vez encontrado? Todo depende del punto orbital en el que se encuentre para así calcular si merece la pena o no hacerlo. En el pasado ya se propusieron misiones para explorar esa región del SS. No se han enviado porque no hay objetos de interés que justifiquen el gasto. Quizás cambiaría la situación si se descubre este nuevo planeta y a raíz de las sorpresas que nos ha proporcionado Plutón.
Pero incluso en los momentos de máxima aproximación se necesitaría una sonda grande, cara y pesada propulsada por motores iónicos, sonda que podría alcanzar el objetivo en unos 50 años. Que la electrónica dure tanto tiempo sin que sufra los fallos propios y los inducidos por los rayos cósmicos es otro desafío.
Aunque, quizás, por el mismo dinero podríamos explorar Saturno, Urano, Neptuno y sus lunas en detalle, incluyendo Encelado, Titán y Tritón en superficie.
¿Cómo sería este planeta? Básicamente sería un cuerpo helado cubierto por hielos y, posiblemente, una atmósfera. Una masa 10 veces al de la tierra proporcionaría alguna tectónica y el calentamiento interior que generara produciría criovolcanes. Pero esto no lo sabemos de seguro. Habrá que esperar a ver si, al menos, existe este noveno planeta.
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