domingo, 27 de diciembre de 2015

Quizás el exoplaneta habitable más cercano

Consiguen detectar un exoplaneta en la zona de habitabilidad de su estrella que se encuentra a sólo 14 años luz de distancia a nosotros.
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La mayoría de exoplanetas que conocemos han sido descubiertos gracias al telescopio espacial Kepler. La misión Kepler vigilaba una zona específica del cielo permanentemente en busca de que una de las cientos de miles de estrellas del campo observado sufriera un tránsito (el paso sobre su disco desde nuestra perspectiva) y todo el cielo.
Por esta razón los mundos descubiertos por Kepler son, en general, muy lejanos. Esto reduce las posibilidades de poderlos ver directamente en un futuro, pese a que ya sabemos de miles de ellos.
Sin embargo, unos pocos exoplanetas están muy cerca (relativamente) y casi todos ellos han sido detectados gracias a otras investigaciones, tanto usando técnicas de tránsito como de velocidad radial.
El último caso trata de, al menos, tres planetas que giran alrededor de la estrella Wolf 1061, que se encuentra a sólo 14 años luz de distancia a nosotros en dirección a la constelación de Ofiuco. Se trata, una vez más, de una enana roja, que es el tipo de estrella más abundante en nuestra galaxia.
Gracias la técnica de velocidad radial basada en el efecto Doopler ha sido posible medir la influencia gravitatoria de estos tres planetas sobre Wolf 1061 según la orbitan.
Esta técnica de medir el bamboleo inducido en las estrellas ya ha alcanzado la precisión de unos pocos metros por segundo, suficiente como para detectar planetas relativamente pequeños que orbiten cerca de su estrella. Al principio sólo se podían detectar planetas masivos de tipo joviano, pero ahora ya se pueden detectar supertierras.
En este caso el descubrimiento ha sido realizado por el equipo de Duncan Wright (University of New South Wales), astrónomos que han usado el espectrógrafo HARPS anexo al telescopio de 3,6m que ESO tiene en La Silla (Chile).
Se trata de los planetas Wolf 1061b, Wolf 1061c y Wolf 1061d con unas masas de 1,6, 4,25 y 5,21 respectivamente. Estos mundos tienen además periodos orbitales de 4,88, 17,86 y 67,27 días terrestres respectivamente y podrían ser de tipo rocoso.
Wolf 1061b está demasiado cerca de su estrella, por tanto no puede ser habitable. La órbita de Wolf 1061d cae justo en el borde exterior de la zona de habitabilidad en donde el agua puede estar en estado líquido. Pero, quizás, el más interesante es Wolf 1061c, que cae justo dentro de esa región, por lo que es un buen candidato a tener agua líquida sobre su superficie, por lo que podría ser habitable.
Aunque ahora sabemos que los planetas supuestamente rocosos son abundantes en nuestra galaxia, se han descubierto pocos que estén cerca. El otro caso de planeta supuestamente habitable más cercano es Gliese 667Cc, que está a 22 años luz de distancia en la constelación de Escorpio.
Wolf 1061 está mucho más cerca, lo que facilita el que un día se puedan tomar imágenes de estos planetas y espectros de sus atmósferas con la nueva generación de telescopios espaciales y saber así si son realmente habitables o si contienen realmente vida. No es fácil tal empresa, pues la zona de habitabilidad de la enanas rojas está muy cerca a las mismas, lo que supone la necesidad de tener una capacidad de resolución angular muy alta.
Incluso puede que sea posible tomar espectros antes si las órbitas de estos planetas están orientados como para podamos ver sus tránsitos, algo que no se descarta aún.
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Tampoco está claro que las enanas rojas sean favorables para la vida, pues tienen infancias turbulentas en las que emiten demasiada radiación para una posible vida y, además, fuerzan a que los planetas que la orbitan presenten la misma cara por efecto de las fuerzas de marea y la cercanía excesiva.
Si al final se descubriera vida en Wolf 1061c, lo que sería equivalente a que te tocase la lotería cósmica por su baja probabilidad, tampoco sería fácil visitar tal mundo.
Una misión espacial no tripulada cuya velocidad alcanzase el 10% de la velocidad de la luz, que es la mayor velocidad que es concebible alcanzar en un futuro lejano basada en la Física conocida, llevaría unos 140 años. Si además contamos que con que la nave tiene que acelerar y frenar, la misión no se podría hacer en menos de unos 200 años. Esto nos dice que la visita robótica a lejanos exoplanetas, además de ser muy cara, constituiría una bonita empresa multigeneracional para los terrícolas e inauguraría una nueva época de construcción de “catedrales”.
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