martes, 8 de diciembre de 2015

La naturaleza africana en peligro

Las carreteras, oleoductos y ferrocarriles amenazan la vida salvaje africana.
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África, su sólo nombre evoca todas las maravillas del mundo natural, un mundo de grandes mamíferos, extensas sabanas, selvas y el origen del ser humano. Sin embargo, toda esta riqueza natural está en peligro. 
Desde hace décadas las poblaciones de grandes felinos, elefantes y rinocerontes no hacen sino menguar, principalmente por la acción humana, muchas de veces del modo más expeditivo posible debido a la caza ilegal.
Esta caza ya ha hecho desaparecer el rinoceronte de grandes extensiones del África subsahariana.
Pero ahora, según un nuevo estudio, la naturaleza africana se enfrenta a nuevas amenazas en forma de grandes oleoductos, vías férreas, carreteras y plantaciones masivas. Muchos de estos grandes proyectos ya han recibido el visto bueno de las autoridades locales. La idea es aumentar la agricultura y el transporte de minerales y recursos.
Estos proyectos van a crear corredores a lo largo del continente con una extensión total de 53.000 km. Entre otros proyectos está la carretera y ferrocarril de 4441 km que comunicará Sudáfrica con Congo o el corredor de 4349 del arco este africano entre Dakar y Nigeria.
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Según los científicos esto va a suponer un desastre ecológico. Lo que es peor, la mayoría de estos proyectos no van a alimentar a la gente que vive en esos lugares, aunque esta fuera la excusa o justificación de los mismos.
Según William Laurance (James Cook University) África está experimentando la era de desarrollo más dramática de su historia. “Nadie discute la necesidad de comida y desarrollo económico. Pero estos corredores necesitan ser construidos sin crear un crisis medioambiental”, añade.
Este estudio se suma a otros previos que alertaban sobre el mismo problema. En este caso se han analizado 33 de estos proyectos y las consecuencias ecológicas que tendrán. Sobre cada lugar han considerado la población humana, el valor ecológico del lugar, plantas y animales endémicos, el número de especies amenazadas que hay, capacidad de almacenar carbono, etc. Diez de los corredores han sido ya construidos, mientras que 23 están planificándose, 9 de los cuales son una actualización de infraestructuras ya existentes.
Para poder llegar a tener los mejores beneficios agrícolas los científicos implicados proponen que los corredores sean construidos en áreas de bajo impacto medioambiental y alto valor agrícola, de este modo los daños serían limitados.
Sin embargo, sólo 5 de los 33 proyectos cumplirían estas condiciones. Seis de ellos ni cumplen la meta agrícola ni la ecológica al ser negativos para ambos. Estos seis proyectos son realmente negativos para áreas ecuatoriales y deberían se cancelados, según Laurance, ya sólo por sus efectos directos. En cuanto a los indirectos son toda una panoplia del mal que incluyen la caza y minería ilegales.
Como ejemplo se pone la carretera trans-amazónica que se completó en los años setenta del pasado siglo y que ahora tiene un ancho de 400 km de selva desforestada.
Diez de los proyectos todavía no se han empezado, así que los científicos implicados proponen a los inversores que reconsideren sus planes, pues su reubicación proporcionaría mayor retorno económico sin destruir hábitats importantes.
Si se continúa tal cual con estos 33 planes se alteraran irreversiblemente 408 áreas protegidas y se producirán daños en 1800 reservas, lo que pondrá en un mayor peligro de extinción a los grandes mamíferos.
La presión sobre el África subsahariana es intensa y hay que ser conscientes de ello, entre otras cosas por la explosión demográfica. Algunos de los expertos en el campo proponen que este tipo de estudios se hagan país por país y que se entreguen las conclusiones a los gobiernos de cada uno de ellos para que tomen medidas que mejoren las condiciones de su población sin destruir el medio. Algo con lo que Laurance está de acuerdo, pero que necesitaría ayuda de expertos locales al ser la tarea muy ardua.
Cuanto antes se pongan manos a la obra mejor para todos, porque el patrimonio natural africano pertenece a toda la humanidad y no sólo a las empresas sin escrúpulos chinas, asiáticas, norteamericanas o europeas.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=4826

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