sábado, 14 de noviembre de 2015

Nueva explicación para algunas extinciones masivas

Según una nueva teoría tres de las cinco extinciones masivas se habrían dado por una escasez en la disponibilidad de selenio.
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Ha habido 5 grandes extinciones masivas y muchas más menores. La sexta extinción masiva es en la que nos encontramos ahora sumidos y está provocada por el ser humano.
Estas 5 extinciones masivas son las que se dieron en los periodos Ordovícico, Devónico, Pérmico, Triásico y Cretácico, hace 443, 371, 250, 201 y 65 millones de años respectivamente.
Estas extinciones masivas han sido siempre un tema interesante que han generado acaloradas discusiones entre los expertos del campo y muchas teorías.
Uno de los problemas principales ha sido el intentar atribuir a un sólo tipo de causa las 5 extinciones. Así por ejemplo, una explicación que se puso de moda es la de que una estrella cercana que no vemos altera la nube de Oort y nos envía meteoritos periódicamente. Esto explicaría la supuesta periodicidad de las mismas, pues sólo algo astronómico, como una gran órbita estelar, puede tener cierta periodicidad.
Una revisión más moderna viene a decir lo mismo, pero provocado por un supuesto disco de materia oscura en el plano galáctico que el Sistema Solar cruza periódicamente.
También está la idea de que las explosiones de rayos gamma cercanas causan las extinciones y otras hipótesis variadas.
Pero los meteoritos están menos de moda últimamente. En realidad no parece que hayan alterado mucho la vida en nuestro planeta en el pasado. Incluso el del Cretácico, que supuestamente barrió a los dinosaurios, parece que más bien incentivó las erupciones volcánicas masivas que ya había y que finalmente cambiaron el clima y la química oceánica, lo que sí provocaría la extinción.
Esta explicación de un cambio climático y en la química marina parece que cobra cada día más fuerza para el caso de la extinción del Pérmico.
Estas dos extinciones son, además, una advertencia de lo que sucede cuando se provoca un cambio climático, algo en lo que estamos inmersos ahora mismo por culpa de nuestras emisiones.
Sin embargo, no hay buenas explicaciones para las otras 3 extinciones masivas.
Ahora se propone que en estos otros tres casos fue la falta de selenio, un elemento que es usado en muy pequeña cantidad por los seres vivos, pero que es fundamental en la pirámide trófica. Normalmente se encuentra en los océanos, pero su concentración puede variar en el tiempo.
El selenio es esencial para la formación de ciertas enzimas y proteínas en muchos organismos, incluyendo algunos tipos de fitoplancton, que son la base de la cadena alimenticia de los océanos y de la que dependen en última instancia los animales, incluyendo los cordados como los conodontos, que se extinguieron en la extinción del Triásico junto con muchas otras especies del momento.
Un grupo de investigadores ha analizado la concentración de varios elementos en cientos de rocas ricas en carbono procedentes de todos los continentes que se crearon por deposición en zonas pobres en oxígeno a lo largo de 3500 millones de años.
Encontraron que en los intervalos de tiempo que precedieron a las extinciones del Ordovícico, Devónico y Triásico sólo la concentración de selenio decayó súbitamente. En algunos casos su concentración fue menos de un 1% de los valores actuales.
Debido a la importancia de este elemento para la vida, los investigadores implicados sugieren que su escasez habría tenido efectos catastróficos en los ecosistemas oceánicos y jugado un papel importante en estas extinciones.
Una disminución de la concentración de este elemento pudo darse por culpa de una reducción del oxígeno atmosférico, que habría reducido el efecto de la erosión sobre las rocas sobre tierra firme y que, en condiciones, normales, liberan selenio al medio por meteorización y oxidación.
A partir de aquí se habría entrado en un ciclo de retroalimentación en el que la escasez de selenio habría reducido la proliferación de organismos fotosintéticos liberadores de oxígeno, que emitirían menos oxígeno y así sucesivamente hasta que el selenio fue demasiado escaso.
Apoyan también esta idea las pruebas que han encontrado en las rocas de que antes y durante estas extinciones los niveles atmosféricos de oxígeno decayeron sustancialmente (presumiblemente por una menor actividad fotosintética del fitoplancton) y sólo se recuperaron mucho tiempo después de haberse dado la extinción masiva correspondiente.
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