sábado, 14 de noviembre de 2015

Las tormentas solares del pasado

En siglos pasados hubo megatormentas solares que si se dieran ahora provocarían graves problemas tecnológicos.
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La ventana temporal en la que ha aparecido el ser humano es pequeña. Todavía no nos ha afectado una extinción masiva como la del Pérmico que hace 250 millones de años se llevó por delante a la mayor parte de la vida terrestre. El ser humano moderno no sabe realmente lo que significa que haya erupciones volcánicas importantes sin parar durante siglos. Ni siquiera hemos vivido una megaerupción como la del Toba de hace 70.000 años que sí afectó a nuestros antepasados de esa época.
Tampoco sabemos lo que significa la colisión contra un meteorito de gran tamaño, como la que hace 65 millones de años se llevó por delante a los dinosaurios.
Nuestros antepasados de las cavernas sí que quizás podrían hablar, si pudieran, de los tiempos duros de las glaciaciones. Incluso los neandertales se tuvieron que refugiar en el sur de Europa porque el resto estaba cubierto por los hielos.
La civilización de cazadores y recolectores sólo tiene unos 10.000 años, la historia la mitad de eso, la ciencia unos 4 siglos y la tecnología moderna poco más de uno. Pero todo esto es muy frágil y se asienta sobre una estabilidad contingente.
Nuestra civilización del siglo XXI depende cada vez más de la electricidad, de las modernas comunicaciones, de Internet, de los microprocesadores, de la telefonía alámbrica o inalámbrica. Todo eso puede dejar de funcionar en unos minutos si la actividad solar produce una megatormenta solar. Parece que en las últimas décadas no ha habido ninguna de gran importancia, pero, ¿cual es su frecuencia y cómo de intensas son?
La actividad solar intensa puede producir bonitas auras boreales, pero también puede devolvernos a la edad de piedra tecnológica si esa actividad es demasiado intensa, pues puede interrumpir las telecomunicaciones, hacer que fallen las línea de alta tensión o dejar inutilizados los satélites artificiales, sean de comunicaciones o meteorológicos.
Según un estudio reciente realizado por investigadores suecos, estas megatormentas pueden ser incluso más intensas de lo que creíamos y darse cada 5 siglos.
“Si semejante fenómeno de tormentas solares alcanzara la Tierra hoy, tendrían un efecto devastador en el suministro eléctrico y sobre sistemas de satélites y comunicaciones”, dice Raimund Muscheler (Universidad de Lund)
Estos investigadores de la Universidad de Lund y de la Universidad de Uppsala, junto con otros colaboradores suizos, daneses y EEUU analizaron los testigos de hielo extraídos en Groenlandia y la Antártida en busca de señales de supertormentas solares.
Estos testigos de hielo son un registro fiel de los acontecimientos que han ido sucediendo en nuestro planeta en los últimos miles de años. Además de burbujas que encierran muestras de la atmósfera de distintas épocas, también hay otras cosas, como ciertos isótopos de elementos.
La actividad solar y los rayos cósmicos pueden generan ciertas cantidades de isótopos de carbono radiactivo. Hace unos años se encontraron en los anillos de crecimiento de algunos árboles correspondientes a los años 774-775 y 993-994 niveles elevados de carbono radiactivo. Sin embargo, sus causas estaban bajo debate.
En este nuevo estudio se ha tratado de hacer una búsqueda sistemática de las causas de estos dos eventos. Encontraron el mismo aumento en estos isótopos en los testigos de hielo justo en las capas correspondientes a esos dos años.
Como los testigos proceden de lugares muy alejados, sólo queda una explicación global para estos eventos y la más plausible parece ser la de sendas tormentas solares extremas.
Estos investigadores han conseguido proporcionar por primera vez pruebas sólidas de que los flujos de partículas conectan estos eventos. Los resultados indican que este tipo de supertormentas solares exceden con mucho la intensidad de todas las tormentas solares registradas con instrumentos desde que se hacen uso de ellos.
La idea es que, basándose en los datos de este tipo de estudios, se puedan diseñar estrategias para el caso en el que se dé una de estas megatormentas o que incluso que se pueda diseñar en el futuro una electrónica fiable bajo esas circunstancias.
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