domingo, 25 de octubre de 2015

Calculan la temperatura de los dinosaurios

Un cuidadoso análisis isotópico revela que algunos dinosaurios tenían cierta capacidad de incrementar la temperatura de sus cuerpos por encima de la ambiente.

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Desde el siglo XIX se discute sobre si los dinosaurios eran o no eran de “sangre caliente” y cómo afectaba esto a su actividad. Sin embargo, esto es algo que, dado el tiempo transcurrido, parecía casi imposible de saber con seguridad, hasta ahora.
Lo primero que debemos hacer es definir bien los términos y su significado. Por un lado tenemos los animales de ectodermos (o de “sangre fría”) que no pueden regular la temperatura de su cuerpo y que dependen de fuentes externas para hacerlo. Entre ellos tendríamos en la actualidad a los cocodrilos o lagartos. Este tipo de animales se exponen al sol para así conseguir elevar la temperatura de sus cuerpos, por ejemplo. Además suelen ser poco activos, se mueven con relativa lentitud y consumen poca comida.
Por otro lado tenemos a los animales endodermos (o de “sangre caliente”), que sí son capaces de mantener su temperatura corporal independientemente de la temperatura del exterior a costa de un metabolismo más activo. Entre este tipo de animales tenemos a las aves y mamíferos modernos. Los animales endodermos son activos, se mueven con rapidez y necesitan ingerir comida frecuentemente.
Así, el ser o no un animal endodermo determina lo activo que puede ser un animal o lo activos que eran los dinosaurios.
Ahora un equipo de investigadores de UCLA dirigidos por Robert Eagle ha conseguido medir la temperatura de unas cuentas especies de dinosaurios procedentes de las actuales Mongolia y Argentina a través de una novedosa técnica: el análisis de cáscaras de huevo fósil de dinosaurio.
La química y composición isotópica de estas cáscaras indican la temperatura del interior de la hembra de dinosaurios cuando el huevo se formó en su interior. Esto es algo que no se había realizado con anterioridad y es la primera vez que se consigue medir directamente la temperatura de unos dinosaurios.
Las cáscaras de huevo están compuestas por carbonato cálcico. Estos investigadores se han centrado en los isótopos carbono-13 y oxígeno-18 para medir este asunto. La manera en la que estos isótopos se agregan en este compuesto depende de la temperatura. Así que un análisis por espectrometría de masas permite saber la temperatura del huevo cuando se formó y, por tanto, del interior del dinosaurio hembra que lo engendró. Esta técnica requiere que el fósil del que se parta esté muy bien conservado.
Para calibrar el método, estos investigadores analizaron las cáscaras de huevos de 13 especies distintas de aves y de 9 reptiles actuales.
Entonces analizaron 6 cáscaras de huevos fósiles de Argentina, de los cuales 3 estaban lo suficientemente bien conservados, además hicieron los mismo con 13 cáscaras de huevos fósiles de dinosaurio precedentes del desierto de Gobi, seleccionando otra vez 3 casos.
Además analizaron las muestras seleccionadas para ver si mantenían o no la química original o si esta se había alterado a lo largo de todos los millones de años transcurridos. Determinaron que, efectivamente, mantenía la química original. Pero tuvieron que eliminar el caso de las cáscaras de huevos fósiles procedentes de Francia debido a su mala conservación.
Los fósiles argentinos tenían una edad de 80 millones de años y correspondían a saurópodos de cuello largo, grupos de animales que corresponde a los dinosaurios más grandes. Los de desierto de Gobi tenían de 71 a 75 millones de años y correspondían a terópodos oviraptores, que eran animales mucho más pequeños y estaban emparentados con el tiranosaurio rex y las aves.
Descubrieron que la temperatura de los saurópodos era relativamente cálida con 37 grados centígrados. Además, analizaron dientes fósiles de estos dinosaurios, lo que les llevó a la conclusión de que se formaron a una temperatura de entre 35 y 38 grados centígrados.
Por otro lado, en caso de los segundos dinosaurios considerados, la temperatura era un poco inferior a los 32 grados. Esto significa que tenían temperaturas corporales inferiores y eran menos activos que las aves actuales, que son sus parientes vivos más próximos.
Los investigadores también analizaron los minerales del suelo sobre los que se levantaban los nidos de dinosaurios para saber la temperatura ambiente en Mongolia justo antes de que se extinguieran, llegando a la conclusión de que esta era de 26 grados centígrados.
Al parecer, y a la luz de estos datos, la realidad es que los dinosaurios no parece que fueran estrictamente endodermo o ectodermos, sino algo entre medias. Al menos seguro que tenía la habilidad de usar fuentes del calor del ambiente, como el sol.
Los investigadores que han realizado el estudio sugieren que los dinosaurios serían más activos que los actuales cocodrilos y caimanes, que pueden ser enérgicos, pero sólo durante periodos breves de tiempo.
“Las temperaturas que hemos medido sugieren que al menos algunos dinosaurios no era completamente endodermos como las aves modernas”, dice Eagle. Añade que debían ser algo intermedio entre las aves modernas y los cocodrilos, al menos seguro para los terópodos estudiados. Podrían haber producido algo de calor interno y elevar la temperatura de sus cuerpos por encima de la ambiente, pero no podían mantener tal alta y controlada como las modernas aves. Pero si tenían endotermía hasta cierto punto entonces tenían más capacidad que los cocodrilos para buscar comida.
Puede que el estudio no zanje definitivamente el debate y hagan falta más cáscaras fósiles para definir mejor la cuestión. Pero no deja de ser sorprendente de los humanos seamos capaces de medir la temperatura del cuerpo de un ser que desapareció hace 80 millones de años.
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