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martes, 30 de mayo de 2017

Treinta vaquitas

Ya sólo quedan 30 vaquitas en el mundo.

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Cuando éramos niños a todos nos ha fascinado la época de los dinosaurios. Seguro que todavía podemos recordar la pena que nos daba el que esos seres ya no estuvieran entre nosotros. Soñábamos con regiones perdidas en las que, quizás, todavía pudieran vivir. El éxito de películas como Jurasic Park se basa en esa fascinación. Pero no existían islas remotas en las que eso se diera, ni de forma natural ni gracias a algún milagro de la ingeniería genética.
Pero la administración de los recursos de este planeta la estamos realizando tan mal que las especies se están extinguiendo ya a un ritmo mayor que las extinciones masivas del pasado. Dentro de unas pocas décadas los niños sabrán que muchas especies ya no comparten el planeta con ellos y que los culpable son sus padres y abuelos que no hicieron nada por impedirlo.
La vaquita (Phocoena sinus) es una marsopa que sólo se encuentra en el mar de Cortés, en Baja California. Su número ha decaído tanto que ya se enfrenta a la extinción. Un censo reciente estima que sólo hay 30 ejemplares vivos en libertad. Esta estimación se ha realizado usando un método acústico.
La vaquita es, por tanto, el cetáceo en mayor peligro de extinción, pues el delfín del Yangtze (Lipotes vexillifer) es considerado extinto desde 2006.
Hay pocas esperanzas de que la extinción de esta especie no se dé, aunque en 2016 se prohibieran las redes de pesca con las que se capturaba accidentalmente este mamífero. Pero ya en 2015 su población sólo alcanzaba los 60 ejemplares. En sólo poco más de un año su población ha bajado a la mitad.
Es difícil ver a las vaquitas por ser animales muy tímidos, pero emiten unos clics similares a los que emiten los delfines cuando cazan. Así que los investigadores usaron una red de 46 detectores durante 60 días para evaluar su número en las mismas localizaciones en donde los pusieron en 2015. Además se hizo lo mismo en 47 nuevas localizaciones en zonas en las que suelen estar las vaquitas. El número de clics bajo en un 46% de 2015 a 2016, lo que indicaría un declive del 49% en su población. Los datos procedentes de las nuevas localizaciones de escucha no cambiaron esta estadística. Así que la conclusión es que la vaquita se extinguirá en pocos años.
Ahora también hay un fuerte debate sobre si se debe o no capturar algunos individuos para intentar su reproducción en cautividad y que la especie no se extinga definitivamente.
Lo malo de capturar algunos individuos es que se pondría a la población salvaje en un situación aún más delicada con un número de individuos aún menor de la cual ya no se podría recuperar. Pero, por otro lado, si no se interviene, se teme que entonces la especie lleve el rumbo inexorable de la extinción, porque posiblemente se seguirán realizando pescas ilegalmente, pese a las patrullas. Esta última es la postura de Lorenzo Rojas-Bracho, del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático en Ensenada (México) y miembro del grupo internacional que aconseja al gobierno sobre este asunto. “Ahora está claro que las redes las matarán de todos modos”, dice.
Lamentablemente la captura con red en esa zona no se realiza para alimentar a hambrientos, sino que forma parte de un oscuro y sucio negocio. En China y Vietnam, en donde ahora proliferan los ricos, hay una expansión del negocio de la medicina tradicional, que es, básicamente, un fraude basado en la magia y la ignorancia de la gente. Muchas especies están desapareciendo por culpa de este negocio que mueve muchos millones. El rinoceronte se enfrenta a la extinción por culpa de esta “medicina”, pero también la manta raya y muchos otros animales. Es algo absolutamente vergonzoso sobre lo que los gobiernos asiáticos hacen más bien poco.
Los creyentes en esta medicina asumen que la vejiga natatoria de la totoaba (Totoaba macdonaldi), también conocida como corvina blanca o cabicucho, les cura desde la artritis a las enfermedades hepáticas. Se llega a pagar 100.000 dólares en el mercado minorista por una de ellas. La demanda está fuera control. Esto está llevando a la totoaba a la extinción, pero las redes para la captura de totoabas también están llevando a las vaquitas a la extinción al ser capturadas accidentalmente. La pesca de totoabas está controlada por mafias y organizaciones criminales.
Los esfuerzos por introducir redes de las que pudieran escapar las vaquitas, como ya existen para las tortugas, han resultado en fracaso. Así que hubo que prohibir totalmente el uso de redes.
La única esperanza es que la captura de unos ejemplares permita su reproducción en cautividad. Para la captura esperan ayudarse de delfines del Navy Marine Mammal Program de EEUU, que, en las oscuras aguas del golfo, permitirían indicar en dónde se encuentran las vaquitas. Las pruebas que ya se han realizado en la bahía de San Francisco son prometedoras. Una vez localizada una vaquita sería capturada manualmente con un pequeño barco.
El problema es que las marsopas en general suelen dejar de respirar cuando son capturadas, aunque no se sabe muy bien cómo reaccionará en concreto la vaquita. Esto se debe a que la presión que sienten en su caja torácica cuando bucean dispara el mecanismo que les impide respirar y que les ayuda a no ahogarse. Lo malo es que este mecanismo se activa por gravedad cuando se saca a la marsopa del agua y es depositada sobre una superficie dura. Así que se verán obligados a vigilar el ritmo cardiaco y los espiráculos de cada vaquita una vez la pongan en el bote sobre unos pañales de bebé, método que para otras especies de marsopa ha funcionado bien.
Aunque los conservacionistas quieren empezar cuanto antes con las operaciones, hay un problema más a la vista: la veda de pesca legal de la curvina se abre pronto y se darán de 600 a 1000 permisos. Rojas-Bracho ha dicho que esta acción es una locura, sobre todo porque no está claro que se haga cumplir la prohibición del uso de redes.
Estamos asistiendo, una vez más, a la extinción de otra especie. Esta vez es una especie singular y por eso llega a los medios. Otras especies menos afortunadas en belleza o fama ya fueron condenadas hace tiempo y ya no están entre nosotros.
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