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viernes, 5 de mayo de 2017

Sistema con 4 planetas en zona de habitabilidad

Un sistema planetario cercano de al menos siete planetas tiene cuatro de ellos en su zona de habitabilidad.

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Ayer se anunció a bombo y platillo en una conferencia de presa de la NASA el descubrimiento de cinco nuevos planetas en el sistema TRAPPIST-1.
Se trata de un sistema planetario que ahora ya cuenta con siete planetas de tamaño similar al de la Tierra, cuatro de los cuales (los planetas d, e, f y g) están en la zona de habitabilidad en donde el agua podría estar en estado líquido si se es optimista. Si se es pesimista lo estarían tres (e, f y g).
El asunto de la zona de habitabilidad está modulado por varios aspectos. Además de la composición atmosférica que produzca un mayor o menor efecto invernadero, está el asunto de las fuerzas de marea, que pueden calentar los planetas, sobre todo cuando hay resonancias orbitales como en este caso.
La ventaja para los optimistas de la vida en el Cosmos, es que, al ser tantos planetas, los que se pierdan por un lado de la zona habitable se pueden recuperar por el otro. De hecho, incluso se sugiere que los siete planetas podrían tener agua líquida sobre sus superficies.
El sistema se encuentra a 39 años luz de distancia y estos planetas han sido descubiertos por el método de tránsito. Los primeros de ellos fueron descubiertos hace ya tiempo por un equipo europeo principalmente belga. El nombre proviene del proyecto del ESO denominado TRAPPIST (TRAnsiting Planets and PlanetesImals Small Telescope) con el que fueron descubiertos, pero es un juego de palabras con el nombre de un tipo de cerveza belga.
Los nuevos descubrimientos se han realizado gracias al trabajo conjunto de varios telescopios, incluidos los telescopios espaciales Spitzer y Hubble, el VLT en Chile y el William Herschel de La Palma.
La estrella alrededor de la que giran es una enana roja ultrafría de tipo M8, lo que significa que mucho menor y menos brillante que el Sol. Tiene una masa de sólo un 8% la del Sol y una tamaño similar al de Júpiter. Los planetas se encuentran muy cerca de la estrella con periodos que van de desde los 1,5 a los 20 días. Esto hace que el sistema se parezca más en tamaño al sistema de lunas de Júpiter que al Sistema Solar.
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Como siempre en estos casos, hay un sesgo observacional hacia la detección de planetas orbitando enanas rojas, porque estas son abundantes y es más fácil detectar planetas a su alrededor que en otros casos.
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Los planetas e y f, que se encuentran en la parte más cercana a su estrella dentro de la zona habitable, tienen un tamaño de 0,92 veces el tamaño de la Tierra, mientras que f tiene un radio de 1,04 veces el de nuestro planeta. Finalmente, el planeta g, en la parte más alejada de su estrella en zona habitable, tiene un radio de 1,13 el de la Tierra.
Además de saber los tamaños de estos planetas se ha podido calcular sus masas, por lo que es posible calcular su densidad. Estas estimaciones sugieren que se trata de planetas con poco contenido en elementos pesados y ricos en volátiles, por lo que se especula que tengan algún tipo de atmósfera a su alrededor, aspecto aún sin confirmar.
Naturalmente, estos mundos estarían sometidos a los desafíos que imponen las enanas rojas, como una juventud con gran emisión de radiación y una posible sincronización que exponga un lado de forma permanente a la estrella.
La zona habitable de esta enana roja, como en las demás, se ha ido contrayendo con el tiempo, por lo que los planetas que ahora están en la zona habitable eran demasiado calientes en el pasado. Esto podrían haber hecho que sufrieran una etapa en la que podrían haber perdido el agua por un efecto invernadero descontrolado como le pasó a Venus. Aunque algunos modelos teóricos favorecen que los planetas se hayan formado lejos durante la fase más caliente de la estrella y luego hayan migrado hacia el interior, por lo que se librarían de la etapa de secado.
No es fácil calcular la edad de este tipo de estrellas, así que no sabemos si la posible vida ha tenido tiempo de aparecer sobre alguno de esos mundos.
Este sistema es un buen candidato a ser observado por el futuro telescopio espacial James Webb que se lanzará al año que viene después de multitud de retrasos y sobrecostes. Con él será posible analizar las posibles atmósferas y buscar bioindicadores para ver si hay vida en alguno de ellos.
Vivimos tiempos científicamente interesantes.
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