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martes, 30 de mayo de 2017

Nueva imagen del Hubble

Publican una nueva imagen tomada por el telescopio Hubble de un cúmulo galáctico.

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Cúmulo Abell 370. Hacer clic sobre la imagen para ampliar. Fuente: NASA.
Lo hemos visto muchas veces, pero el hecho de que sea así no elimina la fascinación. El telescopio espacial Hubble ha vuelto a obtener una bella imagen de un cúmulo galáctico: el cúmulo Abell 370.
Esta agrupación de galaxias, que contiene cientos de galaxias, está sujeta por su propia fuerza gravitatoria, tanto por la masa de la materia visible como por la masa de la materia oscura que no vemos. Forma una estructura colosal sobre la que es fácil pensar, pero que es difícil de imaginar en su justa medida. Para apreciar su inmensa belleza tenemos que sumergirnos en la ciencia que contiene.
Muchas de las galaxias que vemos en esta imagen no pertenecen a Abell 370, sino que son galaxias muchos más distantes que vemos gracias al efecto de lente gravitacional. Tal y como nos dice la Relatividad General, la gravedad no es más que una deformación del espacio. A más masa mayor deformación. El espacio está tan curvado alrededor de Abell 370 que este actúa como una inmensa lupa con un tamaño de cúmulo galáctico. Así que es el mayor telescopio que podamos imaginar. Pero esta lupa tiene muchas aberraciones y las galaxias que hay detrás a gran distancia salen deformadas, generalmente en forma de arcos. Algunas veces una galaxia distante se ve en forma de varios arcos, pero también hay un caso curioso. Vemos también cinco imágenes deformadas de una misma galaxia. Es como si fuera pintada por Vicente Van Gogh:
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Vemos directamente el espacio curvado, algo por lo que, probablemente, Einstein hubiera dado casi cualquier cosa.
El Hubble es también una máquina del tiempo que nos permite saber cómo era el Universo en el pasado. Sólo hay que mirar lo suficientemente lejos. Pero ni el Hubble es capaz de tomar fácilmente imágenes de las galaxias que se formaban al cabo de poco tiempo tras el Big Bang. Sólo lo puede hacer tras una exposición de muchos días y sólo en algunos casos. Pero el efecto de lente gravitatoria puede concentrar la luz de una galaxia remota y entonces la tarea se facilita. Como esta galaxia, que la vemos tal y como era hace 13.000 millones de años en esta misma imagen:
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Es sólo un punto rojizo, pero representa lo que es capaz de hacer el ser humano: incluso remontarse hasta los albores del Cosmos.
Esta imagen no es una instantánea del Universo, es una pequeña gran historia de la evolución cosmológica, con galaxias en distintos pasados, cada una portando miles de millones de estrellas que nacieron, brillaron y desaparecieron.
Pero además de toda esta belleza y fascinación, de toda esta sublime esencia de la Física y de lo que significa, esta imagen también nos puede hacer recapacitar sobre nuestro lugar en el Cosmos.
Este Universo, ciego a nuestros sufrimientos y sordo e indiferente a nuestros anhelos y deseos, este universo sin sentido ni meta alguna reserva algunos de sus mejores regalos a seres como nosotros, quizás nacidos por contingencia para que ese mismo Cosmos fuera consciente de sí mismo, aunque sea a través de un cerebro evolucionado sólo para poder sobrevivir en la sabana africana de hace más de 100.000 años. No somos algo distinto, formamos parte de ese mismo Universo que a veces se nos antoja ajeno por parecer lejano, aunque en realidad no lo sea.
Posiblemente, sobre algunas de todas esa galaxias aparecieron seres inteligentes como nosotros. Cuesta creer que entre tanta estrella no sea así. Quizás, algunas de esas civilizaciones ya se extinguieron y otras puede que lograran escapar al gran filtro y que hayan aprendido a convivir con ellos mismos y con los demás. ¿Qué hallazgos habrán logrado en todo este tiempo? Serán ellos los que puedan dar finalmente sentido a la vida y al Cosmos en general. Porque eso que llamamos realidad sólo tiene el sentido que le deseemos dar.
Querámoslo o no, formamos parte de esa hermandad de seres que permiten al Universo verse a sí mismo. Quizás nunca lleguemos a contactar con algunos de ellos y, desde luego, es muy posible que ninguno de los que estamos ahora mismo vivos lo veamos. No hace falta, basta la sospecha de la posibilidad. Puede que algunos de ellos piensen lo mismo. Quizás todos nosotros estemos aquí para aprender y para hacerlo de múltiples modos.
El telescopio Hubble representa lo que podemos hacer los humanos cuando dedicamos esfuerzos a la cooperación, al avance del conocimiento, a ver un poco más allá de lo que nuestros antepasados pudieron ver, a soñar con lo casi imposible y hacer retroceder un poco, aunque sólo sea un poco, la frontera de la ignorancia. Todo lo contrario a cuando gastamos recursos en avaricia, en injusticia, en desigualdad, en armas, guerras y destrucción.
¿Qué hubiera pasado si no hubiésemos gastado tantos recursos en “defensa”? ¿Qué sabríamos ahora?, ¿qué habríamos descubierto ya? ¿Habríamos desarrollado ya nuevas fuentes de energía renovables que sustituyan a los combustibles fósiles? ¿Tendríamos nuevas formas de resolver la ignorancia y el hambre de los pueblos? ¿Habríamos parado ya la extinción masiva que estamos provocando? Nunca es tarde para empezar.
Ninguna de esas posibles civilizaciones avanzadas vendrá a salvarnos de los problemas que nosotros mismos hemos provocado. Nuestra supervivencia como seres biológicos y como civilización está sólo en nuestras manos. Es una gran responsabilidad.
Esta imagen del Hubble, como muchas otras, son un desafío a nosotros mismos. Una manera de decirnos que si queremos seguir aprendiendo más o de seguir creando más, tendremos que cambiar muchas cosas de nosotros y de cómo nos organizamos.
Una especie que ha logrado una imagen como esta quizás merece una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=5512

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