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sábado, 29 de octubre de 2016

Cómo se conservaron los fósiles edicarenses

Averiguan el sistema de fosilización de la biota de Ediácara y concluyen que su súbita aparición y extinción no son un artefacto del registro fósil.

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La biota de Ediácara es, posiblemente, la más misteriosa de las que han aparecen en el registro fósil.
La biota de Ediácara toma su nombre de las colinas homónimas de una región en Australia, que es en donde se encontraron los primeros restos fósiles de esa época. Al final terminaron llamando al periodo geológico de esa época con el mismo nombre: Ediacarense o Ediacárico. Posteriormente se han encontrado estos fósiles por todos los continentes excepto en la Antártida, aunque esto sea, posiblemente, por la escasa roca descubierta y las dificultades de investigar que hay allí.
Se trata de las primeras formas de vida pluricelular de la que se tenga noticia y fue anterior a la explosión del Cámbrico. Sus fósiles tienen formas y simetrías un tanto raras y extrañas. Esta biota está constituida por formas de vida muy sencillas de animales de cuerpo blando que no parece que dejaran descendientes posteriores, pues la biota del Cámbrico no parece descender ella. Algunos parecían estar anclados al lecho marino mientras que otros parece que se desplazaban de algún modo sobre dicho lecho.
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Reconstrucción (hecha con ciertas dosis de imaginación) de cómo pudo ser la fauna de Ediacara. En esa época la tierra firme no estaba colonizada. Fuente: desconocida.
Se han propuesto todo tipo de teorías sobre en qué consistían estos seres vivos de hace más de 570 millones de años, desde animales medusoides a partes de organismos que no se conservaron pasando por líquenes que crecían en tierra firme.
Pero el problema es saber cómo diablos estos seres de cuerpo blando pudieron fosilizarse dadas las dificultades de que este tipo de seres lo haga. Ahora un equipo de investigadores propone una solución al dilema.
Según estos científicos, del agua marina precipitaría sílice que cubriría los cuerpos de estos organismos antes de que se descompusieran. Posiblemente este estudio cambiará la manera en la que los paleontólogos tienden a pensar sobre la conservación de organismos de tipo Ediácara.
La mayoría de las ocasiones los animales que fosilizan lo hacen gracias a sus partes duras, como los huesos, dientes, conchas, etc. El resto suele descomponerse rápidamente tras la muerte y no le da tiempo a fosilizar. Es decir, la mayor parte del registro fósil tiene un sesgo a favor de animales con partes duras.
Esto introduce el problema en Paleontología de cómo leer correctamente el registro fósil como una historia de la vida sobre este planeta. Seguro que existieron criaturas de cuerpo blando que no dejaron ningún registro fósil o que estaban presentes en una abundancia que no es reflejada por el registro fósil.
Antes de que aparecieran esto seres ediacarenses toda la vida terrestre que ha dejado fósiles consistía en microorganismos. Los paleontólogos simplemente no han encontrado seres pluricelulares hasta la entrada abrupta de la biota de Ediácara en el registro fósil. Pero no se sabe si esta súbita aparición de formas de vida pluricelulares es sólo un artefacto del sesgo de conservación o si es un signo de un cambio ambiental masivo que permitió la emergencia real de estas formas de vida de forma súbita.
Según Lidya Tarhan (Yale University) averiguar cómo este grupo de seres fosilizó es uno de los pasos más importantes en la resolución sobre qué son estos seres y en dónde hay que colocarlos en la historia de la evolución de la vida compleja.
Así que esta investigadora y sus colaboradores decidieron averiguarlo. Sabían que estas criaturas vivían en aguas someras sobre el lecho marino y que la arena de las tormentas algunas veces cubría sus cuerpos. La teoría tradicional sostiene que fueron estos granos de arena los que conservaron la forma de sus cuerpos recién muertos al moldearlos y que estos “moldes” se conservaron, una vez el cuerpo del animal se descompuso dando lugar a los fósiles que conocemos. Para que algo así suceda hay que cementar esos granos entre sí rápidamente. Lo malo es que hasta ahora no se había encontrado un buen candidato a tal cemento.
Estos investigadores proponen que el “pegamento” que cementó esos granos sería la sílice que había disuelta en los mares. En esos tiempos debía de haber mucha más sílice en los océanos terrestres que ahora, pues no había muchas esponjas que lo fijasen.
Para comprobar esta teoría el equipo tomó unos fósiles de la biota de Ediácara y los serró en rodajas lo suficientemente finas como para que pasase la luz a través de ellos. Entonces examinaron esas rodajas con microscopio para así observar los granos.
Comprobaron que los granos de arena no estaban compactados, sino que flotaban en una matriz de “cemento”. Pudieron comprobar que esa matriz o “mar de cemento” estaba compuesta precisamente de sílice. Además este pegamento de sílice no era químicamente idéntico al que hay en los granos de cuarzo que formaban la arena, así que la fuente del cemento de sílice tuvo que ser el agua marina.
El paso obvio a dar a continuación es realiza el mismo tipo de estudio sobre otros ejemplares de distintos yacimientos paleontológicos.
Como este tipo de fosilización se extiende mucho tiempo antes de que apareciera la biota de Ediácara y se extiende mucho tiempo después, entonces se puede concluir que la súbita aparición y desaparición de la biota de Ediácara no se debe a un artefacto o sesgo en el registro fósil.
Así que la biota de Ediácara debe representar un grupo en la historia evolutiva que apareció y desapareció súbitamente en el mundo real de aquel entonces y no es una pequeña muestra de una historia más larga que no podemos ver.
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