sábado, 28 de abril de 2012

El impacto Chicxulub podría haber sembrado vida


El impacto que exterminó a los dinosaurios podrían haber sembrado la vida en otros lugares de nuestro sistema solar e incluso en otros sistemas solares.

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La luna Europa. Fuente: NASA.
Desde hace unos años se viene dando vueltas a la idea de la panspermia a cargo de meteoritos. La hipótesis es que cuando un meteorito de gran tamaño impacta contra un planeta con vida puede eyectar fragmentos al espacio exterior que a su vez caigan como meteoritos en otros cuerpos. Ahora se sabe que es posible que ciertos microorganismos sobrevivan al primer impacto y al segundo, y que incluso sobrevivan al viaje espacial durante un tiempo. Experimentos realizados en laboratorios terrestres en los que se simulan impactos así lo parecen demostrar. Aunque en este asunto quizás nuestros deseos se confundan un poco con la realidad. 
Se sabe que hay bacterias que viven en la estratosfera y que el viento solar puede barrer microorganismos de la atmósfera, pero la misma radiación solar los mataría. A salvo dentro de una roca los microbios de la superficie tendrían más posibilidades de sobrevivir, sobre todo desde que se descubriera que hay algunos que viven dentro de la corteza terrestre.
El viaje puede ser en distintas direcciones. Pudiera ser que la vida se originara en Marte y que luego emigrara a la Tierra a través de este proceso, pero también podrían ocurrir que la vida se haya originado en la Tierra y que los impactos recibidos por ésta hayan propagado la vida por el Sistema Solar. Hay lugares que parecen propicios para la vida en el actual Sistema Solar como Europa (satélite natural de Júpiter) o Encelado (satélite natural de Saturno), que se sabe que tienen agua líquida en el subsuelo. ¿Pero cuál es la probabilidad de que ocurra algo así?
Ahora Tetsuya Hara, de la Universidad de Kyoto Sangyo en Japón, y sus colaboradores han realizado un estudio sobre las posibilidades de que fragmentos eyectados por el meteorito que supuestamente eliminó a los dinosaurios hayan llegado a otros lugares. Concluye que la Tierra podría haber sido la fuente de semillas de la vida en otros lugares.
El cráter Chicxulub es muy grande y tiene la edad justa para ser el culpable de la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. Lo causó un cuerpo de unos 10 km de ancho y un billón de toneladas de masa.
Según el estudio 300.000.000 rocas individuales eyectadas en ese impacto podrían haber terminado en Europa y unas 500 en Encelado. Naturalmente otras habrían alcanzado otros lugares. Así por ejemplo a Ceres habrían llegado 100.000, a Eris 4.000.000, a la Luna 500.000.000 y a Marte 40.000.000.000. Es sorprenden el número de rocas que llegarían a Europa, presumiblemente a causa del intenso campo gravitatorio de Júpiter.
Los casos de Europa y Encelado son particularmente interesantes pues algunas de esas rocas podrían haber atravesado el hielo y llegado al agua líquida de su interior en donde podrían haber depositado su carga de microorganismos.
Pero incluso algunas rocas habrían abandonado el Sistema Solar y llegado a otros sistemas solares. Así por ejemplo, Gliese 581, una enana roja a 20 años luz de nosotros, tiene un planeta en el borde la zona habitable. Estos investigadores calculan que allí pueden haber llegado nada menos que 1000 rocas procedentes del impacto Chicxulub. De hecho, habrían llegado allí en sólo un millón de años tras el impacto. Si una hipotética carga de microorganismos en una de esas rocas hubiese sobrevivido al viaje (algo bastante difícil) habrían tenido 64 millones de años para adaptarse al nuevo ambiente y evolucionar.
Según uno de los modelos que proponen se necesitarían unos 3×107 años para que los fragmentos se propaguen a mil años luz de la Tierra y 109 años para alcanzar los 30.000 años luz. Obviamente el número de estos objetos susceptibles de caer en algún sitio disminuye ostensiblemente con la distancia.
Se necesitarían 1012 años para que los materiales eyectados por este impacto ocupen un volumen equivalente al de la Vía Láctea, pero nuestra galaxia mucho más joven, así que este sistema no serviría para propagar la vida por toda una galaxia, ni aún asumiendo la supervivencia de los microorganismos en el vacío espacial durante tantos millones de años. Sin embargo al final del artículo los investigadores sugieren que bajo ciertas condiciones es asumible el origen panspérmico de la vida mediante este mecanismo, incluso el origen de la vida en la propia Tierra. Concluyen que hay que tomarse la hipótesis de la panspermia en serio.
Si estos investigadores están en lo cierto quizás algún día podamos comprobarlo si encontramos vida en Europa o Encelado y resulta ser muy similar a la terrestre. Sería, sin duda, muy interesante, pero mucho menos si resulta ser totalmente distinta. Un segundo génesis en el Sistema Solar sería algo sobrecogedor y nos diría que la vida en el Universo es prácticamente inevitable en casi cualquier lugar. Es una pena que nada de esto se pueda comprobar en un futuro a medio plazo.
Aunque el problema de la panspermia siempre ha sido el mismo: asumiendo que es posible tal propagación, ¿cómo surge la vida en un primer momento?
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